¿Un concierto? No, mejor ¿un viaje a la playa? Poco tiempo, falta de planes, ideas espontáneas y de pronto, sin tenerlo contemplado hace unas cuantas horas, estamos rodando a Mazatlán. Me parece un tanto increíble. Me llega esa sensación como aquel primero de mayo del 2009, cuando no me creía que estaba haciendo mi primer viaje en solitario a Mazatlán con mi verdadera primer moto. Ahora es muy distinto, ya tengo algo de experiencia en dos ruedas, ya sé un poco de lo que el camino podría ofrecerme. ¡Momento! No es ofrecerme, es ofrecernos. Ahí empieza la diferencia. La emoción es grande, somos dos personas emprendiendo un aparentemente corto viaje, pero por una de las carreteras mas peligrosas del mundo, luego de la caída de la semana anterior, la dimensión que tenía sobre la responsabilidad hacia mi mochila ha cambiado, soy lo mas cuidadoso posible al rodar, con el resto de los automóviles y con la superficie de rodamiento. También intento no descuidar nuestra comodidad. Pero no todo son preocupaciones y reflexiones sobre nuestro estado y la buena marcha del viaje, no nos olvidamos de disfrutar y gozar cada momento, cada momento que sin duda no volverá y que solo tenemos lo que nos ofrece el día de hoy, el presente…
Día 1. Una aventura que no esperaba
Ya hace algunas rodadas la rueda trasera de la DR mostraba claros signos de deterioro, su desgaste ya ameritaba su reemplazo pero yo quería extender un poco su vida útil. Sin embargo, llegó esta rodada y aprovechando que ya contaba con la cuarta rueda trasera en su historia, aproveché para cambiarla antes de salir y rápidamente la pude cambiar en la agencia Suzuki de Durango (Moto Partes Guadiana). A las 12:15 pasé por Ruth con el tanque de la DR lleno, herramienta y mi equipaje listo y con su casco, guantes y rodilleras a la mano. Metimos su equipaje en mi maleta, unos últimos preparativos y partimos con muchas ganas de hacer este viaje. El día es perfecto, está soleado pero el calor no es excesivo. El pronóstico del tiempo decía que gozaríamos de buen clima principalmente, aunque de regreso podría llovernos un poco en El Salto.
Yo había desayunado algo ligero por la mañana, Ruth no había comido prácticamente en todo el día, así que nos detuvimos a la 1:30pm en Navios para desayunar unos buenos burritos. Pedimos nuestra orden y ya cuando nos sirvieron recordaron que dos semanas antes habíamos estado ahí desayunando, en una conversación entre el personal que atiende el restaurant Los Pinos habían hecho referencia a nosotros como “los que toman fotos”, así que a partir de ahora así seremos conocidos en el mundo de Navios… Las enseñanzas de rodadas anteriores y los consejos de nuestros padres nos permiten ir mejor preparados ante el frío.
Continuamos rodando un tanto rápido entre curvas para llegar a El Salto a cargar gasolina como es mi costumbre, siempre a la primer gasolinera que está en El Salto yendo rumbo a Mazatlán. A partir de aquí el viaje se torna mas interesante, comienzan las curvas, es la primera vez que paso por aquí con mochila; el fin que me marco es disfrutar como siempre en cada uno de los viajes que he hecho por aquí, pero además lo debo hacer extremando precauciones, así que voy especialmente atento a tierra o arena sobre el pavimento, baches, automóviles, trailers invadiendo carril, animales cruzando la carretera, pavimento mojado, etc., también trato de disminuir ligeramente la velocidad en los mejores paisajes para que Ruth los pueda apreciar mejor. También me gustaría parar a cada momento para tomar fotos, parar en sitios donde nunca lo he hecho, pero estoy consciente de que el día va avanzando muy rápido y no quiero que la noche nos tome en la sierra. Pasamos Piloncillos, unas formaciones rocosas que Ruth no conocía, continuamos empezando con las buenas curvas. Cada vez voy tomando las curvas mas rápido, son las curvas mas cerradas que he tomado con Ruth y ella se comporta de maravilla, en ningún momento nos mueve, se acopla a cada movimiento suavemente. Llegamos a La Ciudad (Mexiquillo) paramos a un breve descanso, a partir de aquí el camino se va poniendo cada vez mas interesante, el clima continúa excelente aunque a lo lejos se alcanzan a ver algunas nubes ligeramente amenazantes.
La DR se comporta genial, en las subidas que hemos enfrentado hasta ahora responde con potencia, sube sin dificultades y no pierde demasiada aceleración. Los rebases aunque no son abundantes pues casi no hay tráfico, son fáciles cuando los hacemos. Llegamos al puerto Buenos Aires y ahí nos detenemos a tomar fotos de uno de los mejores paisajes en esta ruta. La neblina está presente y eso nos priva de ver las montañas del fondo, aún así el paisaje es genial, además la carretera en ese punto se presta para buenas tomas. Por cierto, a unos cincuenta metros de donde nos paramos hay una familia esperando el camión, que al ver que nos detuvimos estuvieron al pendiente de lo que hacíamos, talvez no es muy común ver viajeros detenidos en esa zona…
Luego de que por esta ocasión, Ruth extendía los momentos mientras yo impacientemente con indirectas trataba de hacer que continuáramos el camino, ella simplemente tomaba más y más fotos jaja, es broma, la verdad fue una estancia muy corta para tomar fotos, incluso nos quedamos con las ganas de hacer un time-lapse que quedará para una ocasión con mas calma. Continuamos gozando de excelentes curvas, pasamos por la Ermita con un clima benévolo aún, pero algunos kilómetros adelante la lluvia hizo su aparición por primera vez. Empezó tímidamente cuando nos detuvimos a tomar una foto y entonces nos decidimos a guardar la cámara de Ruth, empezaríamos a tomar fotos con mi celular a partir de este punto. Creímos que solo sería una llovizna ligera, así que Ruth continuó sin impermeable. Llegamos a el Espinazo y ahí comenzó a llover mas fuerte, por un momento puse en duda lo adecuado de este viaje, pues estamos a la mitad del camino y ya casi son las 5pm, el panorama no luce muy alentador pero tenemos claro lo que queremos: disfrutar el viaje y la rodada así que nos protegemos lo mejor posible contra la lluvia y !continuamos!
La marcha comienza a ser lenta. La lluvia por momentos es bastante intensa junto con el viento, podríamos seguir el paso de tortuga que llevan muchos vehículos, pero eso nos mantendría en la sierra de noche así que decido continuar lo mas rápido posible pero sin caer en riesgos innecesarios. De pronto la lluvia desaparece y nos brinda la esperanza de que podremos seguir así a buen paso, pero apenas tomamos una curva que rodea el cerro y estamos de nuevo en el temporal. Afortunadamente no hace demasiado frío y cada vez vamos bajando más por la montaña. Hacemos una rápida parada en El Palmito, ya en territorio sinaloense, aprovechamos para estirarnos y continuamos con la firme convicción de no detenernos más hasta al menos llegar a Concordia. Al ser mi primer viaje largo con mochila tenía dudas sobre la comodidad de Ruth, aunque ella me dice siempre que va bien yo le insisto siempre que se pare sobre los posa-pies de vez en cuando para no entumirse, tal como lo hago yo regularmente. Vamos rodando ya muy acostumbrados a la lluvia intermitente y al pavimento mojado, voy espejeando constantemente como lo hago siempre, pero esta vez además de vez en cuando volteo para ver a Ruth sin que ella se de cuenta, puedo ir viendo todos sus gestos al descubrir estos lugares, se fija tanto en muchos detalles, cosas a las que yo aparentemente estoy mas habituado…
De pronto dejo de espejear por unos segundos y cuando me doy cuenta un auto nos rebasa invadiendo nuestro carril ante mi sorpresa… Afortunadamente esto sucedió en una corta recta y no en medio de una curva o cuando viniera otro auto de frente… Cada vez se nota mas oscuridad, definitivamente ha dejado de llover así que imprimo un ritmo mas fuerte. Ya casi llegando a Concordia hay una zona de varios kilómetros con pavimento en excelente estado y numerosas curvas muy abiertas. En condiciones normales paso por ahí a 100 o 110km/hr, pero como la visión se ha reducido voy a 80 o 90, fijándome mucho en posibles animales cruzando por la carretera.
Llegamos a Concordia completamente a oscuras, prácticamente estamos en Mazatlán así que solo descansamos un poco en una gasolinera para continuar surcando de nueva cuenta la carretera con el haz poderoso de la DR iluminando nuestro paso. La carretera por momentos es solitaria y eso me da confianza, pero me sigue preocupando la presencia de animales invadiendo la carretera ¿o somos nosotros quienes invadimos su espacio vital?, así que cuando puedo me voy detrás de un auto no demasiado lento. Llegamos a Villa Unión donde hay un tráfico terrible y con paciencia lo libramos sin incidentes aplicando de vez en cuando técnicas de pizzero… Cruzamos el puente del Río Baluarte que está en ampliación y ahora nos encontramos rodando en terracería. Es la ampliación del tramo que va de Villa Unión a el aeropuerto de Mazatlán y el tránsito es muy lento, los trailers ralentizan la circulación de la mayoría de los vehículos, excepto de aquellos que desesperados rebasan casi sin visibilidad por la gran cantidad de polvo en el ambiente. Esta situación me comienza a estresar, voy concentrado en conducir bien y tratar de no caer en baches o pasar por encima de una piedra grande mientras sigo a un lento trailer, a la vez que voy atento a nuestras espaldas para que ningún automovilista se nos acerque demasiado. De pronto un pensamiento surge en mi mente y lo expreso con toda sinceridad: “lo bueno es que mañana vamos a pasar por aquí de día” a lo que Ruth responde “jajajjaajjajja, ¡es la tercera vez que lo dices!”… Me quedo anonadado ante esa afirmación, no la pongo en duda pues ya vengo un poco cansado por el viaje y no me queda mas que tomar eso como una señal de que necesito despertar, sacudir un poco mi cabeza y pensar con claridad…
Ya sobre pavimento llegamos rápidamente a Mazatlán, solamente hicimos alguna frenada fuerte debido a que no vi que los vehículos de adelante frenaban de golpe ante vibradores o algún camión que se detenía de pronto. Luego de un pequeño extravío llegamos rápidamente al malecón y nos dirigimos a buscar un hotel al cual ya había llegado en otra ocasión. Encontramos que el estacionamiento del mismo estaba cerrado por trabajos de remodelación, ¡afortunadamente la DR podía quedarse en un pequeño cuarto que ya estaba casi terminado! Descansamos un poco para luego ir a cenar tacos del Taco Torro, ¡buenísimos! Llené hasta reventar aunque me quedé con ganas de otro buen taco para asombro de Ruth. Por cierto, para quienes no hayan tenido el gusto de comer en este establecimiento (ubicado en la Av. Rafael Buelna), verifiquen primero el tamaño de los tacos antes de ordenar…
Ya un poco cansados fuimos a la playa, contemplamos las estrellas, vimos los barcos lejanos con rumbo desconocido, captamos momentos, experimentamos con imágenes y movimiento y así de pronto el tiempo había pasado demasiado rápido. Cuando menos recordamos estábamos en los acantilados cercanos a el faro y ya eran ¡las 3am! Así que nos retiramos a descansar.
Día 2, el inicio
Tarde, muy tarde nos despertamos el domingo, entregamos la habitación, y la sorprendida recepcionista nos deseó buen viaje al admirarse de nuestro espíritu aventurero por nuestra forma de viajar, nos fuimos a desayunar con la menor ropa posible, pues anoche con el frío y lluvia de la sierra llegamos a Mazatlán cargados con sudaderas, suéteres, chamarras e impermeable. Ahora es un poco difícil cargar con toda esa ropa bajo el calor del sol por la mañana a nivel del mar… Llegamos a el mismo lugar donde desayuné con Jairo aquel 29 de diciembre. Esta vez pedimos dos platos de camarones al coco. Un platillo dulce pero no demasiado por tratarse del primer alimento del día. Al pedir la cuenta pedí instrucciones para salir de Mazatlán (sí, aún no me queda clara la ruta de salida luego de ocho viajes…) y el mesero nos confió que el es de Durango, pero ya tiene muchos años viviendo en Mazatlán y también es motociclista. De hecho, al ver que nosotros viajamos los dos en una 200cc él tiene más animos para en un futuro hacer el mismo viaje en su 150cc.
Nos despedimos del mesero y su compañera e iniciamos el regreso. Paramos en una gasolinera a la salida de Mazatlán y en la tienda de conveniencia del lugar compramos agua para el camino ¡a las tres de la tarde! Sin duda se nos hará noche antes de llegar a Durango… Iniciamos el regreso, pasamos de nuevo por el tramo en ampliación del aeropuerto a Villa Unión con la ventaja de rodar de día, aunque el polvo era el mismo. Afortunadamente no había tanto tránsito como hace unas horas. El día lucía soleado en Mazatlán, pero a lo lejos, en la montaña se ve que está nublado y que sin duda lloverá mas tarde.
Ya teníamos la idea de detenernos lo menos posible para aprovechar avanzar lo máximo con luz de día. Así que las paradas para tomar fotos son mínimas, solo de vez en cuando Ruth va tomando algunas fotos en movimiento. Le pido que me indique cuando lo está haciendo para disminuir la velocidad y que así el lente de su cámara no llegue a sufrir algún inconveniente con pequeñas rocas o insectos. Al rodar despacio me acuerdo del tramo donde Almighty en febrero se quedó sin gasolina, ahora rodamos casi a la misma velocidad que aquella vez cuando lo remolcaba y los autos pasan muy rápido a nuestro lado, afortunadamente todos disminuyen su velocidad. Esperaba ver muchas motos que vendrían bajando de Chirimollos, pero apenas y vimos algunas pocas que seguramente eran de los poblados de la zona y ninguna de Mazatlán. Al menos en esta zona tropical el clima es bastante agradable, es soleado y por partes nublado refrescándonos un poco. Cada vez se siente mas refrescante, de pronto comienza a chispear y nos detenemos a guardar la cámara de Ruth y se pone una chamarra ligera poco antes de pasar por Santa Lucía. La lluvia es intermitente, al igual que ayer hay zonas en que es completamente seco y otras donde una franja de lluvia completamente densa nos da la bienvenida. De cualquier modo el pavimento está casi siempre mojado y por lo mismo decidimos continuar, siempre adelante.
Por espacios las nubes se abren un poco y nos obsequian vistas intermitentes de un cielo tan azul y transparente, incluso en un momento, una franja de rayos solares se alcanza a colar entre las nubes pareciendo como si de pronto los seres que tocan fueran a ser ascendidos por los cielos… Ya más arriba el frío es muy fuerte, Ruth se pone una chamarra gruesa sobre su chamarra y bajo el impermeable. Todas las curvas de el Espinazo del Diablo están mojadas o al menos parcialmente mojadas y son pocas en las que podemos inclinar con confiaza. Aún así nuestro paso es constante y ahora el objetivo es llegar a El Salto aún con luz de día. Desde ahí a Durango el camino ya me es muy conocido y creo que no será problema recorrerlo de noche. De pronto vamos curveando en esa zona zig-zagueante que dudo que muchas carreteras más en México tengan, cuando de pronto hay una fila de automóviles detenidos delante, frenamos fuertemente cuidando que a nuestras espaldas no venga un automóvil, pero sí, viene uno más atrás que vigilo por el espejo para asegurarme de que alcanzará a frenar a tiempo… Vemos que la fila se ocasionó por dos trailers que estaban maniobrando para pasar simultáneamente por una curva, aprovechamos los espacios para rebasar y continuamos a paso tranquilo.
Pasando por La Ermita los soldados no nos interrogan, el frío es muy fuerte y en La Ciudad (Mexiquillo) ya cala considerablemente. Yo comienzo a sentir muy fuerte el cansancio del viaje, sobre todo de la desvelada de la noche anterior que combinados con el frío me hacen añorar descansar y sobre todo conseguir calzado seco… Mis botas venían empapadas y eso incrementa la sensación de frío en mis pies. Aún así saco fuerzas y me determino a llegar a El Salto, donde podríamos conseguir hospedaje en algún hotel para continuar temprano al día siguiente a Durango. Con los últimos rayos de sol del día llegamos a un OXXO donde tomamos un esperado café ¡tibio! jajajaja no entiendo como en esta etapa capitalista tan desarrollada, con la globalización a todo lo que da, cuando más requieres un café, éste está mucho mas frío de como se supone debe estar… De cualquier manera fue gratificante entrar al ambiente cálido de la tienda, descansar un momento, comer unas galletas y tomar la decisión de llegar ese mismo día a Durango, pues al siguiente había que ir a trabajar… Luego de una bebida energizante de las que no he tomado más de diez en toda mi vida (de esas que contienen taurina), continuamos nuestro camino luego de llenar el tanque de gasolina.
Ya era completamente de noche, decidí continuar por la carretera libre, pues es mucho menos transitada que la supercarretera, ya me la sé casi de memoria y me parece mucho mas agradable para rodar de noche que la rápida supercarretera. El cansancio en ambos era notorio, pero a mi la noche de algún modo me despertó y gracias a que de pronto ya no traía los pies tan mojados disfruté bastante este tramo. Pocos automóviles, algunas camionetas lentas que adelantamos sin dificultad, pero a veces nuestra velocidad disminuía a menos de 80km/hr por seguridad, por la escasa visibilidad; por esto de pronto algunos trailers sin carga nos rebasan repentinamente. Fueron aproximadamente dos horas las que empleamos para recorrer los cien kilómetros que separan El Salto de Durango, incluyendo una parada en El Soldado a descansar, estirarnos, ver las estrellas y avisar a nuestras casas de nuestra ubicación.
Solamente faltó un poco más de ropa y equipo para disfrutar del frío y la lluvia y hacer de esta aventura un viaje excepcional. La noche tranquila y seca nos recibió en nuestro Durango y luego de dejar a Ruth en su casa siento que algo me falta, no estoy completo así solo como me voy a mi casa. Parece que acabo de despertar de un sueño…