Tiempo atrás me hacía una pregunta, nadie pudo responderla, así que yo lo hago ahora. Sí, finalmente pude escuchar el grave sonido que deja Suzuki, la DR, mientras se aleja a golpe suave de gas. Pero no, no fue en las curvas asfaltadas del Espinazo del Diablo. No. Fue en un pequeño y solitario camino de terracería de El Tecuán, Parque Natural del Estado de Durango, un excelente sitio que ha sido olvidado por los paseantes y que a continuación narraré nuestra aventura mientras lo redescubrimos en un frío y tranquilo domingo de principios del 2011.
A la 1:30pm vamos saliendo de Durango, la rodada de hoy no ameritaba relato, pues no era una rodada en sí, simplemente era salir a carretera a El Tecuán, Durango a pedir informes sobre la renta de cabañas para unos amigos que harían uso de ellas. Aún así, aprovechamos la ocasión y disfrutamos salir nuevamente a carretera, pues hoy, en el presente de este domingo, es lo que podemos hacer y de este modo es como podemos compartir la vida y disfrutar estos momentos que no volverán. La carretera tiene un tránsito moderado de vehículos, el clima es fresco, frío por momentos cuando rodamos a la sombra de algún cerro. Ya es muy tarde, yo tenía contemplado salir mucho mas temprano para buscar a Mendia y platicar un poco sobre el viaje a Baja California, pero ya no veía motociclistas que llevaran el mismo rumbo que nosotros, todos venían de regreso y entre ellos vimos varios con motos deportivas, chopper, algunas BMW doble propósito. Voy saludando a todos y todos corresponden. Me sorprendí bastante con un grupo de tres Suzuki GSX que me saludaron de inmediato al verme, mucho antes que yo lo hiciera… ¡nos seguimos viendo en el camino!
En la bajada de Río Chico nos detuvimos para tomar fotos, pudimos ver como desde el otro extremo del cañón venía bajando una chopper, traza las curvas un poco lento pero muy seguro, no puede inclinar demasiado pues anda rodando con mochila… Luego de unos segundos pasan junto a nosotros y les tomamos foto. Luego veo a lo lejos que viene otra moto, viene rodando a gran velocidad, trazando las curvas rápidamente y con mucha confianza, ya cuando pasa a nuestro lado veo que es una BMW, equipada con maletas, ¡yo quiero una!
Continuamos nuestro camino bajando a una velocidad regular pero con todas las precauciones, de pronto veo que a nuestras espaldas viene un auto Honda rojo con algunos años de antigüedad, pero viene muy cerca y ni en las curvas se separa… ¡Vaya que conduce bien! En una recta de subida nos rebasa y así se va muy adelante de nosotros, aunque pasando por Ojo de Agua se encuentra con un trailer y ahí lo alcanzamos de nuevo, es en ese momento cuando veo sobre su defensa (o facia) trasera la leyenda “ESCUADRÓN DE CORREDORES”… eso explica sus buenas formas al conducir. Se detiene en Gorditas Eriliz mientras nosotros continuamos nuestro camino tranquilamente. Lentamente y tratando con suavidad el motor de Suzuki, que de pronto me parece que ya muestra algunos signos de envejecimiento, llegamos rápido a El Tecuán y el vigilante del parque nos recibe, pedimos informes sobre la renta de cabañas, nos informa que se pueden hacer las reservaciones únicamente en las oficinas de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Ambientales del Gobierno del Estado, ubicadas en Av. Ferrocarril #109, y los teléfonos son el (618) 128 1891, 128 1892 y 128 1893. Le pedimos permiso para entrar a recorrer tranquilamente el sitio, nos indica que está prohibido por el reglamento el acceso a las motocicletas, pero le aseguro que no andaremos a velocidad elevada ni tomaremos conductas riesgosas, así que accede. Me parece que ese reglamento debería adecuarse, pues no puede prohibirse por completo el acceso a las motocicletas, talvez a las cuatrimotos, motocross y motos enduro sí, por el peligro que podrían causar a los niños visitantes del lugar al circular a alta velocidad; pero motos doble propósito, turísticas, chopper, urbanas, deportivas, motonetas, o de cualquier otro tipo no tienen mayor problema para rodar de manera segura en ese sitio… Accedemos al Parque agradeciéndole su amabilidad y al recorrer caminos que antes hice de niño en una Honda XR80, nos encontramos con un área delimitada con doble cerca de malla ciclónica reforzada, dentro hay algunos cubiles y vemos al menos tres lobos que se inquietaron al notar nuestra presencia, dos se pusieron a dar vueltas en todo su espacio trotando, mientras otro nos miraba atentamente.
Estuvimos un rato ahí mientras aproveché para recoger basura que otros paseantes han dejado en el lugar. Yo estaba muy cómodo en ese sitio, los árboles dejaban pasar unos pocos rayos solares, casi no había ruido, apenas se escuchaba a lo lejos la carretera, incluso en algún momento vimos pasar una moto de regreso a Durango; pero quisimos continuar recorriendo el lugar y nos dirigimos a ver las cabañas a lo lejos, le mostré a Ruth el mirador sobre un cerro, al cual desgraciadamente ya no hay accesos, pero creo que de haberlo ese sería un buen motivo para atraer paseantes… En parte la falta de acceso es porque esa área ha sido destinada a los ciervos canadienses que se introdujeron al Parque.
Prácticamente terminamos de recorrer el parque, pues hay otra zona que es demasiado inaccesible, y a la cual sí fui en mi primer rodada con mochila y de la cual no hay relato… Ya cuando íbamos a regresar le propuse a Ruth continuar las lecciones para aprender a manejar a Suzuki, mismas que iniciaron en Charco Azul y de lo cual no había hecho mención. Ella entusiasmada aceptó y continuamos practicando el arranque, aunque le dimos prioridad al frenado. Fueron varias vueltas en una larga recta que tiene pequeños baches casi al final. En la última le propuse continuar hasta la entrada del parque y otra vez de regreso… Ya en el regreso y a mitad del camino me dijo de pronto “Adiós” y entonces ella aceleró mas rápido de lo que yo podía caminar y pude escuchar el motor de Suzuki alejándose y llevándose a mi chica. Fue agradable escuchar ese sonido, grave y firme, sin titubeos pero siempre suave. Ruth la controló perfectamente, pudo frenar sin apuros y !todo salió perfectamente¡ No sé si estas lecciones sean el principio de una vida de motociclista, o no se si esa vida ya inició desde la primer rodada, pero sólo espero que todas las enseñanzas sean de provecho, y espero no ponerte nunca en riesgos innecesarios…
Felices regresamos a Durango luego de tomar algunas fotos a los ciervos que ya estaban muy cerca de nosotros, aunque por momentos los asustamos un poco pero no huyeron demasiado lejos. Ya hacía hambre a nuestro regreso, así que queríamos llegar a Gorditas Eriliz pero estaban cerradas, por lo tanto seguimos hasta Durango y terminamos con una agradable y reconfortante comida de mariscos que será cita obligada al terminar cada rodada dominguera jaja, bueno, no necesariamente tiene que ser así…
Por cierto, como se nota en las fotos, El Tecuán prácticamente ha sido olvidado por los paseantes, sin embargo, hacemos una invitación a todo aquel que guste disfrutar de un tranquilo domingo al aire libre, disfrutando de rica comida preparada ya sea en los asadores bien acondicionados del lugar o con comida traída de casa, mientras se observan los lobos mexicanos o los ciervos; también hay juegos para que los niños se diviertan lejos del internet, nintendo wii o play station… Por favor, no dejemos morir este sitio.
Suzuki, a partir de ahora así serás conocida, ya no mas DR, no mas Dottora. Esos nombres fueron tuyos pero jamás los aceptaste con demasiado entusiasmo, sólo lo hacías por ser llamada de algún modo, pero ahora con la edad has definido tu principal característica: sencillez. Por eso, con la sencillez, dulzura y sensibilidad que te distingue, te llamaremos simplemente Suzuki.
Distancia total recorrida: 111 km