Cosa extraña, tenemos plan desde hace algunos días. Las ganas de rodar van ganando fuerza en Ruth, pero conduciendo su motocicleta. Desde hace tiempo se imagina rodando en su propia máquina, hace varios meses habíamos realizado un par de lecciones con buenos resultados, pero dejando cosas pendientes. Ahora es buena oportunidad, tengo día libre, Ruth tiene la tarde disponible. Trato de pensar en un buen lugar que sirva para este fin, tiene que ser un área grande, libre y segura, así que vamos por lo seguro y apostamos por Héroe de Nacozari, donde ya pudimos estar hace algunas semanas.
Día agradable, soleado, pero con ocasionales nubes que nos trae el inevitable verano que tímido se va estableciendo en nuestras vidas. Carretera tranquila, Suzuki está recién reparada de una pequeña fuga de aceite que la amenazaba pero de la cual Pedro F. la salvó de manera eficaz. Otra vez estamos contemplando el radiante valle de Nacozari, pero ahora ya sabemos lo que encontraremos. Es bien diferente llegar a un sitio por primera vez, y ahora disfrutarlo con mayor conocimiento. Ya sabemos que en el pueblo no hay plaza, que lo mejor está en el río que por cierto, la anterior ocasión no alcanzamos a descubrir. Ya sabía que hay un área grande donde podríamos continuar las lecciones, así que hacia allí nos dirigimos pero rodamos buscando el mejor lugar, en eso Ruth que va atenta a todos los detalles observa el río Tunal. Hacía allí nos dirigimos y en lo particular me impresiona su tamaño, la verdad es mucho más grande de lo que esperaba. Tengo la vaga idea de que en Durango no hay tanta agua, o al menos no la hay fuera de la sierra, las quebradas y el río Nazas, pero creo que estoy equivocado. Este río que recoge gran parte del agua proveniente de la sierra, de los ríos Bayas, Río Chico y otros de menor tamaño, me lo demuestra. Tomamos algunas fotos de pasada, pero rápidamente dejamos mi casco y chamarra, así como la cámara de Ruth junto a un árbol y empieza la práctica.
Un rápido repaso de las lecciones sobre frenado, arranque y algún otro consejo, máxima concentración y voy detrás de ella por cualquier cosa, pero el camino alrededor de una cancha de fútbol es amplio, así que en poco tiempo detengo mi trote y vuelvo al punto de inicio. Ruth va avanzando con gracia hasta llegar primero que yo al sitio acordado, ahí se detiene, pero algo falla y cae ligeramente… Afortunadamente ha seguido mi consejo y no ha hecho demasiado por detener a Suzuki, así que a ella no le ha sucedido nada. Su primer caída a los mandos de una moto y está dispuesta a seguir, tratamos de analizar los hechos y aprender juntos del error. Otra vuelta, alguna dificultad con el arranque pero todo marcha bien, incluso llega a cambiar a segunda velocidad y el frenado ahora resulta mas efectivo.
Las vueltas se suceden una a otra. El frenado es eficaz, un tanto fuerte pero muy seguro. Habrá que perfeccionarlo para distintas superficies de rodamiento. El arranque representa leves problemas, pero después de varios intentos se perfecciona, al punto de que se llega a detener en medio de las vueltas, luego arranca nuevamente y así, finalmente ha encontrado la combinación exacta entre aceleración y accionar del embrague. Yo desde mi palco miro sus evoluciones, todo marcha perfecto hasta que de pronto en una curva se sale del camino pasando muy cerca de un árbol, pero es una lección bien aprendida, no volverá a suceder, ha tomado respeto a la velocidad en curvas.
Al iniciar esta rodada el odómetro marcaba 24,974 millas, así que era un hecho que hoy se alcanzaría aquella cifra anhelada hace tiempo.

En aquel viaje, antes de llegar a Cuatrociénegas, Coahuila, la DR200 alcanzó la marca de diez mil millas. Me parecía demasiado kilometraje para apenas poco más de un año de vida, pero pasando el tiempo esa marca se fue incrementando, dejando a su paso nuevas experiencias, decepciones, ponchaduras, rodadas bajo la lluvia tratando de alcanzar a mis amigos, viajes en solitario tratando de entender mi vida, encuentros sorpresivos, lluvias inesperadas, lagos, vacaciones, tormentas, ausencias, traiciones, rutinas, cambios, llanto, sonrisas, abrazos, saludos, amigos, alcohol, camaradería, visitas, descubrimientos, naufragios, caídas, frío, calor, extravíos: más de veinticinco mil mentiras, que cada una, paso a paso, han llegado a formar estos cuarenta mil kilómetros que ahora de pronto le pesan a Suzuki, pero que me hacen lo que soy, que formarán por siempre parte de mí, y que ahora sirven para iniciar la formación motociclista de mi chica, la motorutera Ruth, quien dentro de no mucho tiempo rodará ya no detrás, sino a mi lado o delante de mí por los caminos…
Quería hacer una breve remembranza de aquellas personas quienes han formado parte de esta historia, pero creo que eso sería injusto, pues podría olvidar a alguien, y dejaría fuera a todos aquellos que podrían llegar en un futuro. Cada quien es consciente de la parte de la historia que le ha tocado vivir, y doy gracias por todo lo que me ha tocado compartir. Buenos y malos momentos, todo eso está presente, pero lo bueno prevalecerá. Por favor sean listos y sigan adelante, rodando seguros, ya sea con o sin moto, no claudiquen y nos vemos en las cincuenta mil.
Aarón Martínez.
