Manzanillo
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Frente a la computadora, en la oficina de campo en un lejano municipio de la sierra de Durango, luego de una intensa jornada por robarle tiempo al tiempo y así, poder estar juntos de nuevo, torturo un poco mi corazón y rememoro aquellos bellos momentos cuando compartimos todo nuestro tiempo, vivencias, kilómetros, anécdotas, sabores, gustos, algún lejano disgusto y así, cosas que poco a poco van quedando atrás, pero que sin duda forman parte de lo que somos ahora, y de todo lo que nos une y nos hace tan fuertes. Hoy te extraño como pocas veces, veo las cosas desde otro punto de vista, como un tercero, como un voyeur que mira con emoción a dos enamorados, se admira de lo bien que lo pasan, de los gestos, de las sonrisas, las risas, los juegos, los abrazos… pero entonces me doy cuenta que yo soy uno de ellos, y que no estoy contigo, pero que pronto volveré.
El anterior párrafo fue escrito setenta y seis días después del día que será narrado a continuación:
Las olas arremeten contra la playa a algunos metros de nosotros, con esa fuerza que solamente la naturaleza es capaz de producir, que parece no tener fin y que en su paso no le hace daño a nadie si no nos metemos con ella. Las aves que inician un día mas de vida, un día mas en su lucha por sobrevivir para perpetuar la especie, una especie que es clave dentro de los ecosistemas de Manzanillo, y que de paso, nos alegran con su melodioso y estrepitoso cantar. Olas y aves nos despiertan muy temprano, invitándonos a disfrutar este maravilloso día.
Ruido de gente, un autobús, desorden, gente que trata de poner orden… Vemos un grupo numeroso de personas que llegaron juntos al mismo hotel. Pienso que son una familia grande compuesta de varias familias, pero no les hacemos mas caso y nos vamos a buscar algo de desayunar. Cerca encontramos un pequeño restaurante donde podemos probar unos molletes y ricos tamales con acelgas. Estuvo bien, aunque el precio fue un tanto elevado. También pudimos encontrar el Hotelito Escondido, que Ruth ya había visto desde ayer en un letrero, pero que no pudimos encontrar y que realmente estaba escondido, a tal grado que jamás encontramos la calle para llegar a él…
No sabemos que hacer en Manzanillo, ya estuvimos ayer en la playa pero no queremos perder la oportunidad de conocer algún atractivo en particular de este sitio, preguntamos a la mesera del restaurante pero nos dice que solo hay playas, así que simplemente nos vamos a explorar rumbo al muelle y al centro, buscando de paso un lugar donde descargar las fotos que traen nuestras memorias. Nos aproximamos al centro, pero primero pasamos por una zona de contenedores industriales que son movidos del tren a barcos, o al revés. Hay mucho movimiento, se nota que este puerto es de vital importancia para el comercio del país. Ni que decir de otros puertos similares como Lázaro Cárdenas, por ejemplo.
El sol es fuerte, de pronto vemos una zona con muchas lanchas de pescadores y buscamos una sombra para Suzuki. Ahí la dejamos y nos sentamos en un sitio desde donde se tiene un buen panorama del mar, la playa y las embarcaciones pesqueras. Todas ellas están inertes, inmóviles, pero a la vez el mar les da vida trayéndolas de aquí para allá, hasta donde las deja su respectiva soga…
Una colonia a nuestras espaldas, cangrejos entre las rocas, un restaurante turístico y de pronto entre las embarcaciones hay dos buzos que nadan, se sumergen y sacan algo del fondo depositándolo en una especie de plataforma flotante. Hacen lo mismo una y otra vez, avanzando un poco en nuestra dirección, se siguen de largo hasta llegar a unas rocas donde se detienen a trabajar fuera del agua. Ellos llaman rápidamente la atención de toda la gente que va pasando, principalmente de los turistas, que nos acercamos curiosos y vemos que trabajan sobre las conchas que sacaron del mar. Las abren, le sacan aquello que es útil y el resto lo desechan o lo apartan en otra cubeta. Así una y otra vez.
Ruth tenía curiosidad por conocer de la gente de cada región, tal como se lo había propuesto desde que planeábamos hacer el viaje a Baja California y se decide a hacer una entrevista. No está muy segura de animarse, pues no tenía la mejor imagen de los pescadores, pero de pronto está caminando hacia el primer pescador que le da la espalda y no se ve muy dispuesto a hacerle caso, así que se dirige con el otro, el cual de inmediato accede y le confiesa su amor por su trabajo, por estar en contacto con el mar y otras particularidades más de su vida, sin más, les dejo la entrevista (no dejen de ver la introducción del video):
Gratamente sorprendidos por la accesibilidad de este señor nos vamos a buscar un internet, el cual está a unos metros de donde habíamos dejado a Suzuki. Estamos por tomar dos computadoras cuando Ruth dice que va a regresar con el pescador para darle una ayuda, algo simbólico pero de todo corazón. Yo la espero en el internet y a su regreso me dice con una sonrisa en el rostro que el señor no aceptó, que simplemente dijo mire, ahorita mas al rato va a estar haciendo mucho calor, y usted con ese dinero se va a comprar un refresco, ¿como ve?. Descargamos las fotos, y en el internet aprovechamos para investigar hoteles en el que podría ser nuestro próximo destino: Sayulita. Saliendo del establecimiento le pedimos a una señora que nos recomendara una playa. Contesta que no debemos dejar de ir a la playa Tapo, aunque es un tanto difícil de explicar como llegar, pero nos la recomienda sinceramente, sobre todo porque es ahí donde ella trabaja. Un niño impaciente ante la tardanza de su mamá le pide que nos recomiende la playa Miramar. Finalmente nos decidimos por la Tapo, así que cruzamos el centro por donde creíamos que debíamos ir, luego en una tienda preguntamos, más adelante otra vez y así, una y otra vez todos nos dicen que vamos bien, hasta que ya en una colonia vemos los letreros de playa y de pronto estamos rodando a la orilla del mar, con algunas buenas curvas y otros motociclistas como compañeros, algunos sin casco.
A lo lejos se ve el puerto industrial, pero de la prometida playa no hay rastros. Pasamos por una zona habitada donde también hay tienditas. Yo tenía un poco de sed, pero preferí esperar para comprar después un agua. De pronto se abre un espacio a nuestra izquierda, es una pequeña bahía con playa y hay bastantes bañistas. Se ven muchos locales en la playa, restaurantes la mayoría. Más adelante hay un letrero que nos confirma que efectivamente, esa es playa Tapo, pero en eso cruzamos un puente, debajo del cual pasa un río o parte del mar… Seguimos adelante y nos internamos por un camino de terracería a la derecha que nos lleva a una parte de la costa donde hay muchas rocas. Es un pequeño cañón donde el mar hace estragos conforme el viento lo incita, mismo viento que me relajó y nos hizo olvidar por momentos el fuerte calor del sol.
Estuvimos disfrutando el viento, luego nos pasamos al otro lado del cañón desde donde se pueden ver más de cerca los lejanos barcos cargueros y donde de pronto comienza a llegar mas gente, y sin duda somos el centro de atención, posiblemente por mi cabello largo y falto de peinado, o por la gran cantidad de fotografías que estuvimos tomando, no lo sé…
Después de algunos minutos y videos decidimos dejar ese lugar, para antes de entrar de nuevo al centro detenernos a disfrutar unas ricas aguas de coco, muy frías y que nos quitaron rápidamente la sed… Justo después de pasar por el sitio de la entrevista al pescador, estamos por incorporarnos a una glorieta pero no podemos hacerlo pues un peatón va cruzando la calle, así que disminuyo la velocidad para que pase sin problemas, pero a cambio, un automóvil que venía atrás nos pitó agresivamente, luego ya cuando por fin vamos a pasar, un ciclista hace un cruce extraño de carriles poniendo en riesgo su integridad y también lo tuvimos que esquivar, así que de nueva cuenta otro automovilista se molestó con nuestro actuar pese a no afectarlo de mayor manera… Después de aquí el tráfico por una avenida es demasiado intenso, aunque nosotros andamos en moto no podemos avanzar tanto como quisiéramos, el calor comienza a apretar y de pronto todo eso junto a los recientes incidentes me causan cierto malestar… Afortunadamente ya vamos rumbo al hotel y apenas pasando el próximo semáforo el tráfico recupera su fluidez y aprovecho para detenernos en un largo puente.
En el hotel decidimos entrar a la playa, no sin antes pasar por unas bien merecidas cervezas… Luego realizamos una terapia total enterrándonos por turnos en la arena. Entramos al mar y una niña nos da clases sobre como tomar las olas, ella sin haber cumplido aún diez años ya tiene una buena experiencia y con toda sinceridad nos comparte su sabiduría, también nos advierte de algunos animales que se están acercando a la playa, los vemos y conforme van pasando los minutos me pongo un tanto paranoico, pues ya hace algunos años un quemador me afectó de fea manera y no quiero repetir la experiencia.
Se pasaron rápido las horas, Ruth quiere prolongar al máximo este reencuentro con el océano, pero yo creo que ya se va haciendo tarde, y en un descuido ya estamos disfrutando primero de un atardecer que no prometía demasiado, pero que conforme se va acercando a su clímax nos muestra lo mejor de si, al punto de recordarme el fuego del ojo de Mordor, de aquella mítica trilogía.
Voy a recoger la ropa de la lavandería, Ruth se quedó a descansar. Primero me paso de largo sin ver el local, de regreso a un paso mas tranquilo puedo llegar sin problemas, ahí descubro que se llama Chava el personaje que nos dejó la ropa con un agradable aroma. Me hace entrega sin mirarme, le pago y regreso al hotel. Después de bañarnos usamos algunas prendas recién lavadas y nos enamoramos del aroma y suavidad, de verdad que es ampliamente recomendable llevar a lavar la ropa con Chava, lástima que no recordamos el nombre del establecimiento… Algo cansados decidimos cenar en las mismas pizzas de ayer, no tenemos ganas de ir a buscar otro sitio así que simplemente disfrutamos otra pizza que tampoco contiene carne, la acompañamos con un par de cervezas y nos vamos a descansar, pues mañana volveremos a rodar, ya francamente en dirección a casa…
©Aarón Martínez, Todos los derechos reservados
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