Otra aventura de Guardian del Topo, antes de continuar, lee la primera parte de este aventura.

Patoloco y Tool
“…Pues algún día rodaremos juntos por hay, por hay…” Patoloco
Esta es la continuación del relato: Un viaje frustrado: Honda Tool rumbo a Laguna de Sánchez.
La llamada
Ya me estaba saboreando la comida que me calentaba mi esposa, eran ya casi las 3 de la tarde y no había comido nada desde el desayuno. No había querido comer en la carretera pues me dio algo de sentimiento el no poder llegar a Laguna de Sánchez. De pronto sonó mi celular y cual va siendo mi sorpresa que al ver quién era el que me llamaba: PATOLOCO.
Yo: ¿Bueno? PATOLOCO?
Patoloco: ¿Guardián del Topo?
Yo: Si, ¿Como estas?
Patoloco: estoy aquí afuera de tu casa pero parece que no hay nadie. (reconocí de inmediato los ladridos de Galvin, el guardián del Guardián del Topo)
Yo: Estoy en casa de mí suegra espérame en 5 minutos llego contigo.
Patoloco: ok aquí te espero.
Colgué y apenas volteo a ver a mi esposa y me dice: “¿Era Patoloco? ¿Ya te vas verdad?” con la simple sonrisa de mi cara se dio cuenta de todo. “ok vete con cuidado”. Salí corriendo de ahí y en apuro deje mis coderas, cargue la maleta, el tripie y otras cosas que ya había bajado de la moto. Hay apenas 3 km de distancia entre mi casa y la de mis suegros así que no tarde nada en llegar.
El encuentro
Al entrar a la cuadra donde vivo pude ver a Patoloco de inmediato afuera de mi casa. Al llegar un breve saludo, la presentación de rigor. Le comente a Patoloco que ni se imaginaba de donde venia, de la cola del caballo. Le platique que solo llegue a Puerto Genovevo pero el agua y la neblina no me permitieron continuar. Me pregunto que cuando tendría tiempo para salir a rodar, mi respuesta fue inmediata: “HOY, ya estoy listo”. Se sorprendió tal vez pensó que debido a la hora y a que ya venía de rodar ya no tendría muchas ganas de salir.
El inicio de la aventura
No duramos ni 5 minutos en mi casa, apenas si entre para ir al baño y nos enfilamos rumbo al Libramiento Noreste el cual conecta la carretera #85 a Laredo con la Carretera #54 a Saltillo. Es mi primer salida a una verdadera carretera pues la rodada de la mañana por la Carr. Nacional es de cierta forma parte de la ciudad. Estar rodando por el Libramiento es rodar por una verdadera carretera con camiones de carga y autos a gran velocidad.
Creo que no me había “caído el veinte” de que estaba rodando con semejante personaje. Al salir de mi casa Patoloco me indico que fuera al frente. En un tramo antes de llegar a la carretera a Saltillo voltee por el espejo y vi a Patoloco ahí fue cuando me di cuenta de lo QUE estaba haciendo y con QUIEN lo estaba haciendo. Al entrar a la carretera a Saltillo comienza la cuesta…
La Cuesta de los Muertos
“Para llegar a Saltillo, los viajeros deben recorrer la ladera de un angosto camino de dos leguas en un sitio conocido como la Cuesta de los Muertos, donde habitan naciones de indios bárbaros -los Tobosos y los Gavilanes- que perpetran asesinatos increíbles y depredan a los viajeros”. Escrito por un coronel español hace dos siglos.

En algun lugar entre Monterrey y Saltillo by Patoloco
Una subida que ya he recorrido en auto y no es nada fácil pues lo peligroso aquí es cuando hay neblina, algo que sucede muy de vez en diario. El clima pareció estar de nuestro lado y a pesar de estar algo nublado el camino se podía apreciar en su totalidad. Rodamos la mayor parte del camino sin ningún contratiempo el tráfico era muy tranquilo. Hasta parecía que las estrellas se habían alineado para que Tool no tuviera problemas en su primer paso por estos rumbos.

Unos tacos, gas y a escribir la historia
Hicimos un par de paradas, Patoloco me platicaba sobre los caminos que hay y los lugares a los cuales puedo ir con mi moto. Nos tomamos una foto cerca del poblado Sesteo de las Aves todavía en el municipio de García, N.L. La altura ya se comienza a sentir pues en este punto ya estamos a 1,160 msnm lejos de los 500-550 que es la media en Monterrey.
San José de los Nuncios: entrando a la sierra.
Continuamos el camino y nos detuvimos justo donde comienza el tramo de la autopista de Ramos Arizpe, Coah. A Puerto México en Galeana, N.L. esta es la parte de la carretera #57 que hay que tomar para evitar entrar a Saltillo. Cargamos gasolina y aprovechamos para comer algo. Patoloco pidió unos tacos y yo un burrito. Al terminar este breve descanso tomamos rumbo a la autopista pero aquí fue donde comenzó realmente lo bueno, Patoloco tomo una salida y entramos en un camino de terracería que lleva a San José de los Nuncios (SJDLN), municipio de Ramos Arizpe.

Construcciones revolucionarias
Realmente comenzó lo bueno para mí pues este camino es de pura piedra, solo vi como Patoloco se alejaba y llego un momento en que lo perdí de vista pues nunca había rodado por un camino así. Lo pude alcanzar en la entra de San José de los Nuncios, el estaba parado a un costado de un corral donde nos tomamos un par de fotos y a continuar con el viaje.

Los corrales
Cuesta Navajas: Cuesta subir y también bajar

Una puerta a la aventura
Más adelante llegamos a la entrada al camino que nos lleva a la Cuesta Navajas un lugar enigmático pues al ir subiendo llega un momento que lo único que puedes ver es el cielo y algunos picos a lo lejos. Aquí también se siente un cambio muy radical en la la vegetación pues a la altura de SJDLN aun estas en parte del desierto de Coahuila. No me di cuenta en qué momento deje de ver arbustos chaparros y palmas del desierto a ver pinos, SI! Pinos.

Sigamos a Los Llanitos
La cuesta me presento uno de los primeros retos, en el último tramo vienes por una pequeña bajada y de repente tienes que dar vuelta a la izquierda casi en “U” y comenzar una buena subida con grava. Sin vuelo ni un camino firme me costó algo de trabajo subir, la moto se me apago en un par de ocasiones pero me tranquilice y busque una parte del camino donde no hubiera tanta grava y por fin pude subir vaya reto. Al terminar esa última subida llegas a la parte más alta donde una vista majestuosa te da la bienvenida. Aquí estaba Patoloco esperándome y me tomo un par de fotos.

Pujando pero llegamos by Patoloco

Freddy Krueger digo Patoloco y yo

El encantador de motos by patoloco

Que pequeño soy
De Coahuila a Nuevo León
Comenzó la bajada y en algunos tramos del camino vas por el arroyo con una buena cantidad de grava y aquí comienza lo que Patoloco llama el “chachacha” ahí voy bailando con Tool. Pasamos por Plazeta de Juana Flores, no recuerdo si fue antes o después de este punto donde cruzamos la línea divisoria del estado de N.L. y Coahuila marcado por tan solo un Mojón de piedra en las mediaciones de la montaña.

Luz y sombra by patoloco

Dicen que tu no eres para la tierra... by patoloco
Los Llanitos y una bajada de miedo

El fotografo fotografiado

Buscando las fotos para entregar
Nuestro siguiente destino fue la comunidad Los Llanitos, municipio de Santa Catarina, N.L. aquí vi por primera vez una de las mejores lados de Patoloco, su lado humano. Llegamos a una pequeña cabaña a dejar unas fotos, es impresionante el cariño que la gente le tiene, apenas llega y todo mundo sale para saludarlo y nunca, nunca falta el ofrecimiento de un taco, una silla y un lugar para dormir. Patoloco les comento que solo venia de pasada pues yo tenía que estar de regreso ese mismo día a Monterrey para ir a trabajar al día siguiente. Nos despedimos y a darle al camino.

Esta moto no la conozco

El Guardian de Los Llanitos

Yo tambien soy el Guardian de Los Llanitos
El siguiente poblado es Canoas pero apenas salimos de Llanitos me tuve que enfrentar a una nueva bajada muy complicada, aquí me tuve que aplicar al máximo pues el camino es muy complicado y lleno de piedras de diversos tamaños que te hacen saltar y resbalar a cada instante. Pude llegar sano y salvo al final no sin antes derrapar en un par de ocasiones pero no tuve que visitar a las hormigas, no al menos en esta parte del camino.
La noche nos alcanzo a medio camino y cuando llegamos a Canoas la obscuridad era ya una realidad, en este momento me percate de un pequeño detalle, no traía luz baja. Pensé:” ya valió voy a sufrir todo el camino.” Por fortuna la luz alta si funciono y pude continuar sin tanto trabajo.
Canoas: un café y un aguacate que cambio mi forma de ver las cosas.
Al llegar a Canoas nos detuvimos a entregar otras fotos. En este lugar nos recibieron la señora Rosalba, y los señores Benito Candelario y Santana. Nos ofrecieron un café y un taco lo cual aceptamos. Entramos a la pequeña cocina que consta apenas de una pequeña mesa un par de sillas y una chimenea donde preparan su comida. El café me supo a gloria pero pude darme cuenta de la gran carencia con la que vive la gente de las montañas. Nos ofrecieron lo mejor que tenían en ese momento, unas tortillas calientitas y un par de aguacates.

Nuevas amistades
Quiero confesarles que al principio me daba pena tomar los aguacates y le hacía segunda a Patoloco diciendo que con las tortillas estaba bien. Ante la insistencia de doña Rosalba y compañía nos comimos uno de los aguacates. No pude reprocharme a mí mismo aquellas veces que me quejo de que no hay “nada” que comer en casa. Es impresionante lo fácil que es quejarnos de no tener esto o aquello cuando tan solo basta para ir al refrigerador y por lo menos encontrar un par de huevos y unas tortillas y por qué no hasta un buen pedazo de carne. Esa carne que para algunas personas es un lujo.
Ya había leído en alguna ocasión a Patoloco invitando a que lleváramos algunas cosas si es que nos aventurábamos a ir para esos rumbos, ahora comprendo porque lo decía. Lamente enormemente el no haber tenido tiempo para comprar aunque fuera un frasco de café y poder dejárselo a esas personas pero bueno ya tendré ocasión de volver y de devolverles un poco de lo mucho que me dieron y me enseñaron.
Pasamos por el panteón muy bello por cierto pues esta justo al lado de la pared de la montaña, Patoloco hizo alto aquí me comento donde estábamos y me le adelante sin querer lo deje ahí con un par de historias que me quería contar no fue intencional más bien fue el miedo a estar en medio de las montañas y frente a un panteón jejeje pensé: “este canijo me quiere dejar aquí como ofrenda a los dioses de la montaña pero no, yo mejor me voy” El miedo no anda en burro… anda en una Tool.
El Pajonal: 1,460 metros de aventura sobre el nivel del mar

1,460 metros de aventura sobre el nivel del mar
Dejamos Canoas y salimos rumbo a El Pajonal en medio de la noche. A esta altura del camino ya no tome fotos pues con la noche y la premura por llegar a casa fue lo último en lo que estaba pensando. Al llegar a El Pajonal hicimos un alto y Patoloco me tomo la foto de rigor en el anuncio. Y síguele que aún nos falta un buen tramo para salir de la montaña.
El cañón del Pajonal: Juego de luz, sombras y montañas
Después del panteón llegamos a un entronque donde pato me alcanzo y me indico el camino a seguir: El cañón del Pajonal. Es un verdadero laberinto con una belleza sin igual. A pesar de ser de noche pude observar las grandes paredes y picos que hay en este lugar. El camino no tiene mucho pierde pues vas a un lado del rio. Durante este tramo hicimos varias paradas para contemplar tan magnífica obra de la naturaleza, la luna llena nos daba la mejor iluminación que pudimos tener. Es un lugar al cual no se le puede hacer justicia ni con la mejor fotógrafo ni con la mejor fotografía. Tengo que volver para admirarlo de día aunque también pienso que soy un afortunado pues pocas personas se pueden dar el LUJO de observarlo y menos de noche.
Al salir del cañón entramos al Rio Santa Catarina justo detrás de la presa Rompepicos. No tenía idea que tan lejos estaba la presa pero ya me sentía cerca de la ciudad. Después de más de 4 horas de duros caminos y bellos paisajes la mente me comenzó a jugar sucio y es que es imposible no enfrentarse a uno mismo entre tanta soledad y silencio. Los únicos sonidos que lograba escuchar eran el ronroneo de Tool y las piedras crujiendo al paso de las llantas.
Comencé a pensar en cosas nada gratas como el quedar atrapado en plena montaña. ¿Y qué tal si una de tantas piedras que van rebotando en la parte de de la moto la dañan? ¿Y si se poncha una llanta? Y ya me veía acampando ahí en la montaña sin poder avisarle a mi esposa y sin ir al trabajo y mil un cosas que te vienen a la mente. ¿Y donde carajos esta el Patoloco? Por más que intento buscarlo en el horizonte no veo más que una alfombra blanca de piedras, ni siquiera un destello de su luz. Y para colmo el camino se pone muy complicado, Tool trae fuerza pero no agarre y en varias ocasiones tengo que bajar los pies para hacer equilibrio ya que la llanta trasera se patina y no logro avanzar.
Comienzo a desesperarme un poco y me pregunto a mi mismo: Mi mismo ¿En qué momento se te ocurrió venir a la montaña con una moto pequeña, sin experiencia y con un loco bien pato o un pato bien loco? Logro tranquilizarme un poco y después de respirar profundo me pongo en sintonía con la moto y a paso más lento, si es que se puede imaginar algo más lento, logro continuar con el camino. No sé como estaba antes del huracán alex pero en este momento ese tramo es pura grava solo distingues el camino por que esta algo hundido pero vas rodeado de una inmensa alfombra de grava.
Presa Rompepicos: Ya merito, ya merito salimos
Por fin logro ver a Patoloco a lo lejos, la luz roja de su moto me da un pequeño alivio el cual se convierte en grande cuando logro ver la cortina de la presa rompepicos. Hacemos un alto para ponernos de acuerdo en la ruta saliendo de la montaña y de cómo vamos a llegar a mi casa.
De la presa al cañón de la huasteca ya conozco gracias a mi reciente visita, el camino aparte de ser conocido es mucho mejor. Los demonios de las dudas desaparecen tan pronto atravieso el túnel de la presa. Aprieto el paso y por fin después de no sé qué tantas horas logro correr a 40kpm algo gratificante después de venir a 10-20kph esto se ve reflejado cuando logro dar alcance a Patoloco en varios tramos quien voltea algo sorprendido de verme tan cerca.
Por fin salimos de las montañas y ya en la ciudad tomo la delantera para guiar a Patoloco a mi casa donde pasara la noche.
Fin del relato…
Llegamos a casa cerca de las 11 de la noche después de guardar las motos en la cochera salimos a un par de cuadras caminando para buscar algo de cenar, compramos unos tacos y los degustamos mientras le platico a Patoloco mis impresiones de la rodada y él hace lo propio. Al regresar a casa la cosa no termina y junto con mi esposa pasamos un par de horas escuchando algunas de las tantas aventuras del Patoloco. Tras escuchar varias de sus vivencias no solo las de la moto sino algunas de las personales comienzo a comprender un poco porque Patoloco es PATOLOCO. Leerlo es una cosa, conocerlo es otra y escuchar esas experiencias personales te dan verdaderamente otra forma de ver a este señor.
Son casi las 2 de la mañana y son tantas pero tantas las aventuras del Patoloco que no las puede contener en su cuerpo y son expulsadas a través de su boca tanto así que en más de una ocasión se queda sin saliva para poder seguir hablando. Nos vamos a dormir y por la mañana la plática continúa. Tal vez algunas personas ya estarían hartas después de rodar y de escuchar hablar y hablar pero yo sigo encantado como la primera vez que lo vi afuera de mi casa. En más de una ocasión Patoloco me dice “cuando quieras nos vamos para que no se te haga tarde al trabajo” pero simplemente no quiero irme, estoy consciente de que no será muy seguido que lo tengo frente a mí así que quiero aprovechar al máximo su presencia.

Preparando la partida

Calentando motores
Después de ponerse en contacto con ironcharly el buen Patoloco comienza a preparar sus cosas para irse. Lo acompaño en estos últimos instantes no sin antes tomarle un par de fotos justo en el momento de su partida. Nos despedimos con la promesa de volver a rodar juntos.

Listo para partir

Tu aventura continua...
“…Pues algún día rodaremos juntos por hay, por hay…” Patoloco

Y la mia termina aqui... solo por hoy
View San Jose de los Nuncios – Cañon Pajonal – Cañon La Huasteca in a larger map
Agradecimientos
Gracias Patoloco por esta gran aventura, por tu paciencia y consejos tanto en mi forma de conducir como en el trato con la gente. Gracias por presentarme a tu GENTE esas personas llenas de nobleza y sencillez de gran riqueza en el corazón a quienes tengo que volver a visitar y llevarles aunque sea un poco en agradecimiento por tan buen recibimiento. Sabes que aquí tienes tu casa cuando necesites tomar un descanso siempre seras bienvenido.
Mi amor, mi compañera de vida gracias por permitirme hacer estas locas travesías por que no fue una sino dos en el mismo día. Sin tu aliento y comprensión no podría viajar a gusto y tranquilo, espero que pronto podamos hacer estos viajes NOSOTROS TRES. Te prometo que la próxima vez que venga el Patoloco me escondo debajo de la cama y le suelto a Galvin para que lo muerda y no vuelva jajaja.
Amigos gracias por revivir conmigo este sencillo pero emotivo relato, unos 100km de tierra y piedras, por fin tuve tiempo para poder redactarlo ya que el trabajo ha estado algo pesado y el clima no ha ayudado mucho a que llegue temprano a casa estos días.
Estoy escribiendo este relato el jueves 9 de Febrero de 2012 todo esto ocurrió el lunes 6 y aun me pregunto:
Soñé que lo viví o lo viví soñando…
¡NOS VEMOS EN EL CAMINO!
Guardián del Topo