Augusto Galicia López
“… si en Catarina no los encuentras ¡Regrésate! …”
Un día en Mazatán.
En un mensaje del 25 de diciembre, el buen amigo Pitol, me había dicho que el 26 empezaría con revisiones y reparaciones básicas a las motos, para emprender el viaje a Guatemala al mediodía, así que el 26 empezó un tanto “flojo” pues ya bien amanecido apenas empezaba el movimiento en el campamento de patio. A eso de las 9:00, Pitol nos invitó a desayunar atole, pan, tamales y barbacoa en un puesto de la esquina, después de lo cual empezaron a activarse los compañeros que harían revisiones, a media mañana salí para tomar algunas fotos de la Villa de Mazatán y buscar a los compañeros, pues me empezaba a pesar la espera. En el camino encontré a Omar quien me dio una noticia poco alentadora “ … la reparación de la moto del Gunman tardará hasta después de las 12:00 …” Después de caminar algunas calles y abordar un triciclo para llegar al taller de motos (que estaba a tres cuadras de la casa -campamento), me encontré con Artemio quien estaba sudando al desmontar la llanta trasera de su moto para reparar una ponchadura.
La Itálika del Gunman estaba a la espera de que le instalaran la rueda trasera. El panorama me indicaba que la probabilidad de no salir ese día era muy alta. Un poco antes de las 13:00 horas, se decidió que la salida a Guatemala se posponía hasta el otro día para no rodar de noche. A cambio de esa decisión, iríamos a la frontera para anticipar algunos trámites y rodar por Tapachula con “Los fantasmas del camino”.
En efecto, la media tarde, nos sorprendió en el camino a Frontera Talismán. Un recorrido de revisión, conocer la frontera y sus trámites burocráticos. Del lado mexicano, sin problemas, por un lado los de pasaporte, por otro los que sólo llevaban IFE. En ese momento nos sellan el pasaporte de “salida” y podemos ingresar a Guatemala. Avanzamos hacia las oficinas de inmigración Guatemalteca y, después de pagar una cooperación “voluntaria” de cinco quetzales o diez pesos, se nos agolpan los vendedores de quetzales (moneda) ofreciéndolos a $1.70, estacionamos las motos y preguntamos por los requisitos para ingresar las motos, nos informan que antes tenemos que pagar un derecho por ingresar al país, creo que son 28 quetzales y el trámite de las motos se hace después de pagar la desinfección del vehículo, otros 12 quetzales. Como no estaba planeado ingresar ese día, ahí dejamos la indagación y regresamos a territorio mexicano, con sólo una pequeña vista del aduanero en turno.
Regresamos a Tapachula y estacionamos las motos en la calle principal, junto al parque, para restaurar fuerzas y esperar a los “Fantasmas del camino”. Después de comer y saborear un helado, nos encontramos con los fantasmas y nos proponen una pequeña rodada para festejar el encuentro. Dejamos el centro de Tapachula y, después de llenar los depósitos de combustible nos dirigimos a Puerto Chiapas, en una rodada nocturna y muchas motos. Una rodada agradable con el calorcito de la costa del pacífico y la compañía de nuestros amigos Chiapanecos. Llegamos a una pequeña playa, que a esa hora está desierta y obscura, solamente se ven las luces de un barco atracado en el puerto.
Así que regresamos por el camino previamente recorrido, con dos percances a los amigos fantasmas, un rin chueco por un bache inesperado y una cadena zafada por desgaste excesivo de una estrella del sproke. Este último evento, nos separa del grupo que sigue rodando sin darse cuenta del percance. Después de cerca de media hora de revisión, y ante la imposibilidad de hacer cualquier intento por reparar el desperfecto, el amigo fantasma decide llevar su moto al domicilio cercano de un familiar, así que me despido de él y reanudo el camino para alcanzar al grupo. Lo encuentro en el entronque a Mazatán de la carretera Arriaga – Tapachula y después de los pormenores de la tardanza, nos despedimos de los fantasmas y regresamos a la casa – campamento en Mazatán. ¡Todo está listo para ingresar a Guatemala al día siguiente! Aunque, después de la visita a la frontera, hubo algunos cambios de planes, porque quienes no tienen pasaporte no podrán ingresar las motos a suelo chapín, por lo que Artemio y Omar deciden modificar sus rutas y rodarán hacia Comitán y Palenque, mientras que el Rabitt acompañará al Gunman como copiloto para seguir hacia Guatemala, el Profe. Pitol, con su hija, y yo seguimos en el plan inicial ¡Llegar a la Antigua.
Hacia Guatemala.
El 29 por la mañana, pasaditas de las 9:00, empiezo a rodar acompañando a Artemio, su esposa Rosa, y a Omar con Marco, quienes harán el viaje hacia Comitán y Palenque; me detengo en la entrada de Mazatán, y les deseo buen viaje, los veo alejarse y aprovecho para tomar fotos del venado que le da origen al nombre de esta Villa. Regreso a la casa – campamento y, ahora sí, iniciamos el camino a Guatemala, el Gunman lleva de copiloto (mochila dirían los MotoRuteros) al Rabitt, Pitol va acompañado de su hija en la segunda moto y quien esto escribe cierra el grupo de motociclistas.
El trayecto hasta la frontera sin ningún tipo de incidentes, solamente hacemos alto en una estación de gasolina muy cerca de la frontera, para llenar los tanques y no correr riesgos en el camino, y el Prof. Pitol, nos pone al tanto en algunas claves de comunicación, al adentrarnos en territorio chapín.
se muestra la llegada a Talismán.
En algunos minutos más estamos frente a la ventanilla de ingreso a Guatemala, consiguiendo el sello de entrada de nuestros pasaportes, después de pagar los 28 quetzales comentados, y ahora a pagar la desinfección para hacer el trámite final para el ingreso de las motos. Va primero el Profe. Pitol, no tiene problemas, luego va el que esto escribe, después de la revisión de documentos, el pago de 160 quetzales y la entrega de las copias de la documentación solicitada (pasaporte, tarjeta de circulación de la moto y licencia), estamos listos para la revisión física de las motos y la entrega de la calca de turista, así como el documento de ingreso del vehículo; pero falta el Gunman, y surge un problema, no tiene tarjeta de circulación y la oficial guatemalteca asevera contundente “… Usted, sí puede entrar, la moto NO …! Ante el obstáculo, empieza la espera y el análisis de posibilidades de entrada, Pitol da algunas sugerencias, finalmente el Gunman, decide acordar alguna alternativa con un oficial guatemalteco y después de las 13:30, el oficial le indica a nuestro amigo Gunman que lo siga porque va a ingresar. Estamos listos para continuar, pero al mover mi moto, veo que la palanca de velocidades (¡Otra vez la palanca!) se ha salido de su lugar, así que quedamos con el Gunman de vernos en la primera gasolinera que veamos en territorio chapín.
Con la ayuda de Pitol, trato (tratamos) de arreglar el desperfecto, sin éxito, por lo que decido continuar en esas condiciones hasta donde pueda encontrar una mejor solución.
Nos adentramos en el territorio chapín y antes de un kilómetro encontramos una gasolinera, así que nos disponemos a esperar al Gunman y al Rabitt. Enfrente de donde estamos vemos un tallercito mecánico donde están arreglando una camioneta y pregunto por alguna rondana que me pueda servir para arreglar el desperfecto de la Inazuma. Pitol me recomienda que lleve la moto y que el joven mecánico trate de buscarle una solución. Finalmente, el joven mecánico guatemalteco acaba poniendo una rondana con dos puntos de soldadura al perno de la palanca de velocidades y parece quedar arreglado el desperfecto.
Y seguimos a la espera de nuestro compañeros. Como ya ha pasado un tiempo considerable, le propongo a Pitol mi regreso a la aduana, para indagar sobre el paradero de nuestros amigos, así que otra vez estoy llegando a la aduana de El Carmen, antes de que me de cuenta se me juntan muchos jovencitos guatemaltecos “Do you speak spanish, mister” dicen algunos de ellos, “Hablo español, les contesto” y se dan cuenta de que soy mexicano. Casi de inmediato aparece otro joven diciendo “Me dijo su líder que lo espera allá atrás”, señalando hacia una de los locales comerciales y agrega “… es el capitán América y está con Alejandro, me dijeron que lo esperaban, si quiere estacione su moto y yo lo llevo” … volteó hacia donde señalaba y dos sujetos, con vestimenta de choppers, agitan sus manos. Está bien, le digo, voy a estacionar y te sigo, le doy vuelta a la moto y arrancó con normalidad, y enfilo hacia la gasolinera donde se encuentra el Profe. Pitol con su hija, le comento de lo sucedido y nos estacionamos a seguir esperando a los compañeros. No han transcurrido ni dos minutos cuando un motociclista en una cuatrimoto se estaciona junto a mi y me pregunta “¿A donde van?” A Guatemala, le contesto “¿Van a ver al Zorro?” No, le digo, no se quien sea el Zorro, a quien conozco es al Steel biker, “No me acuerdo quien es el Steel biker” … y recibe una llamada por el celular y escucho frases como “Te voy a dejar el pedido …” “Sólo que un poco más tarde … porque tengo que pasar por el camión” y empiezo a sentir cierta desconfianza. Termina de hablar y me dice “Te voy a enseñar unas fotos mías donde me veo participando con el Zorro” y empieza a mostrarme fotos donde él aparece con muchos motociclistas, parecen eventos de clubes de motociclismo, de pronto se detiene en una y me dice “Creo que este de aquí es el Steel biker”, señalando una foto de él con un motociclista ya mayor y con una larga barba blanca. En ese momento aparece el oficial guatemalteco, que se llevó a Gunman y Rabitt, junto con otro oficial, y nos dice que ya tiene rato que ingresaron a Guatemala, pero nos esperan en una gasolinera como a 10 km de distancia, así que nos despedimos del motociclista de las fotos y avanzamos en busca de nuestros amigos. Ya se nota mucha inquietud y desconfianza en los comentarios de Pitol, y para colmo, no hemos avanzado ni un kilómetro y nos detiene un vehículo policiaco. Revisan nuestros documentos y volvemos al camino para encontrar a nuestros amigos. Llegamos a la entrada de Malacatán y el Profe. Pregunta algo y se encamina hacia el centro de Malacatán, se detiene en el entronque y le pide a su hija que trate de comunicarse con nuestros amigos que, al parecer, ya habían mandado algunos mensajes. La respuesta de ellos es que se encontraban en una gasolinera en un lugar llamado Catarina, así que con algunos recelos por parte de Pitol enfilamos hacia Guatemala para encontrarlos en el lugar mencionado. No obstante, a unos cuantos metros de haber reiniciado la marcha, encuentra a un ciclista y le hace alguna pregunta. Al terminar de hablar con el ciclista, voltea la moto y me dice “Voy a regresarme de aquí, no tengo la certeza de que estemos seguros y no puedo arriesgar a mi hija, si quieres seguir, te recomiendo que … si no los encuentras en Catarina… ¡Regrésate!
Nos despedimos y le sigo hacia Guatemala con un poco de incertidumbre por el regreso de Pitol y la ausencia de nuestros amigos. Ruedo por unos diez minutos y veo una estación de combustible y me pregunto ¿Será esta la estación de Catarina? No he terminado de tratar de darme una respuesta cuando veo una moto estacionada y dos figuras conocidas sentadas en el pasto junto a la carretera ¡Vaya, aquí están el Gunman y el Rabitt! Les comento brevemente lo sucedido y me dicen que los metieron por una terracería y que encontraron la carretera ya muy adentro de Guatemala, todavía intercambian dos o tres mensajes con Pitol y decidimos seguir para aprovechar la luz del día que ya está muy avanzado.
La llegada a Mazatenango, Guatemala.
Rodar y seguir rodando, pero en territorio guatemalteco, los kilómetros se van sucediendo y el atardecer empieza a vestirse de gris, anunciando que la oscuridad es inminente. Vemos una gasolinera y el Gunman se detiene, la pregunta es obligada ¿Vamos a rodar de noche? … ¡No creo que sea buena idea! Le comento … Creo que es mejor que busquemos algún lugar para hospedarnos y seguir por la mañana, les sugiero y como respuesta, muestra el mapa para ubicarnos. Estamos en un lugar que se llama Cuyotenango y la población cercana más importante parece ser Mazatenango. Preguntamos a los empleados de la gasolinera qué tan lejos está y nos responden que faltan 6 kilómetros para llegar a Mazate. Así que acordamos llegar a dicha población, comer algo y buscar hospedaje. La cena estuvo acompañada de Bravha, una cerveza local aceptable, pero nada más (ligeramente afrutada con un aroma a malta muy tenue, poco lupulada por lo tanto con poco amargor, con poco carácter y ligera). Al salir del restaurante, a punto de abordar las motos, escuché un grito “… caballero, olvida algo …” era una de las chicas que nos habían atendido y que llevaba en las manos mi computadora que había olvidado sobre la mesa ¡Vaya lección de honradez!
Para mi buena suerte. La visita a Guatemala, definitivamente, estaba siendo muy buena.
La Antigua, Guatemala.
Hasta este momento, las carreteras guatemaltecas que hemos transitado me hacen recordar a los años 70 en México, cuando la enorme mayoría de carreteras eran de doble sentido y sólo había tres o cuatro autopistas de doble carril, además, el ritmo al que avanzamos es muy lento, porque en el trayecto hay tres o cuatro ingenios y es la época de la zafra, así que encontramos dobles remolques muy grandes que llevan caña y ruedan extremadamente lento.
La mañana del 28 de diciembre, empezó temprano. A las 7:00 AM empezamos a rodar, el Rabitt comentó “… No habíamos salido tan temprano en este viaje …”. La hora estimada de llegada a La Antigua oscilaba entre las 9:30 y las 10 de la mañana. El viaje fue lento, acorde con el desconocimiento de la ruta y de las costumbres en un país diferente.
Al llegar a Escuintla, el Gunman empezó a preguntar por el camino de La Antigua y poco a poco fuimos acercándonos a la primera capital del país Chapín, conforme ascendíamos, el aire que nos pegaba empezaba a ser más fresco. Los pormenores del viaje, se ven mejor en el video que fui tomando durante el recorrido
Alrededor de las 11:00 AM estamos entrando a La Antigua, una ciudad completamente turística con calles empedradas y viejas casonas, según yo le da un parecido a las ciudades coloniales mexicanas, particularmente a San Miguel de Allende o al pequeño pueblo mágico de Real del Monte.
Después de dos vibrantes vueltas por las callecitas empedradas, dejamos las cabalgaduras en un estacionamiento de 24 quetzales la hora y recorrimos el centro en un plan absolutamente turístico, el punto culminante fue la comida en “Chiminos”, un restaurante lleno de turistas, como nosotros, donde la primera “orden” al mesero fue “cerveza Gallo” (muy parecida a la Bravha, aunque un poco más lupulada y con mejor carácter), para el Gun y para mi y alguna bebida refrescante para el Rabitt, a falta de la “sangría” que el mesero no entendió que era. Después de esta comida, fuimos por las motos e hicimos un recorrido al mirador de la ciudad, y buscamos el arco que aparece en muchas fotos promocionales de esta ciudad, para los indispensables recuerdos de nuestro paso por aquí.

Cultura motociclista en La Antigua, Guatemala. Cualquier parecido con San Miguel de Allende ¡Es mera coincidencia!
Finalizado el último recorrido, me despido del Gunman y del Rabitt, ya que ellos deciden pernoctar aquí y yo decido regresar a Mazatenango, hospedarme ahí y emprender el regreso al día siguiente, para no arriesgar algún incidente en la frontera que ponga en riesgo mi promesa de llegada el 30 por la tarde.
Empiezo a rodar hacia Mazatenango, en algún punto de la autopista Escuintla – Guatemala, siento que voy por el camino equivocado así que tan pronto veo a unos jóvenes haciendo talacha en su auto, me detengo a preguntarles y me indican que voy bien, pero que en la siguiente bifurcación no me vaya a equivocar en tomar la salida a “Mazate”. Llego a la bifurcación, bien señalada, ahora sí, no tengo duda, ya voy rumbo a Mazatenango. Mi viaje dura alrededor de 2.5 horas por lo que llego al centro de dicha población todavía con luz del día, por lo que no tengo ningún problema para llegar al mismo hotelito del día anterior, hospedarme y salir a cenar para mandar los mensajes del día. Ceno un vasto platillo de camarones al estilo chino, que me parece un poco excesivo, platico con las personas que atienden el lugar y me preguntan sobre los riesgos de cruzar México hacia los Estados Unidos, solamente les recomiendo que en lugar de ingresar a México ilegalmente, lo hagan de manera legal para no ser sujetos de abusos. Salí pensando que mi recomendación fue bastante torpe, pero ¿Qué otra cosa podía hacer?
El regreso a casa.
La madrugada del 29 de diciembre, me sorprende con un fuerte dolor de estómago y con los síntomas inconfundibles de una infección intestinal, lo cuál retrasa una hora mi salida, hasta que no empiece a sentirme mejor. Casi dos horas tengo que aguantar el dolor abdominal; pero, por fin, me siento un poco mejor e instalo el equipaje en la moto y salgo alrededor de las 7:00 AM hacia la frontera con México. El poco tránsito, por la hora temprana, me facilitan el viajar con rapidez, poco que comentar salvo la detención, cerca de Coatepeque, para revisión de cítricos (existía una cuarentena para evitar el ingreso de un tipo de mosca).
Alrededor de las 10:00 AM ya estoy en la frontera de Tecún Umán, listo para ingresar a México, sale una oficial de migración me pide los documentos de ingreso de la moto y mi pasaporte, después de unos 10 minutos, me devuelve el pasaporte sellado y me indica que avance hacia la garita para salir de Guatemala, cruzo el puente internacional, entre muchos peatones y pasajeros en triciclos, y ahora van los trámites de ingreso a México, estaciono la moto, y me formo en la fila de inmigrantes para sellar el pasaporte, sin problema, ahora ya puedo pasar con los oficiales de la aduana para que hagan la revisión física del equipaje, el oficial aduanero, solamente me pregunta si compré licor o tabaco en Guatemala, y al responderle que no, me permite el paso hacia el territorio mexicano. La frontera mexicana por la que ingreso es Ciudad Hidalgo
Sigo las señales y llego a la autopista que me conducirá a Tapachula. ¡Vaya diferencia de carreteras! Ahora, me centro en mi destino de hoy, Tuxtla Gutiérrez, sólo que iré por Arriaga para minimizar tiempo, así que pasó por Tapachula y sigo hacia mi destino del día. Lo único relevante de esta parte son las revisiones, una aduanera y otra militar de que soy objeto, tal vez por rutina o tal vez por lo voluminoso de mi equipaje, sin problemas, solamente un poco de tiempo perdido por el atar y desatar el equipaje. Al llegar a Arriaga, me detengo en una gasolinera, porque ya voy con la indicación de reserva y aprovecho para rehidratarme porque el calor es muy intenso a pesar de que estamos en invierno.
Reviso la ruta y a poca distancia de aquí puedo encontrar la entrada para la autopista a Tuxtla Gutiérrez, así que me anima el saber que en poco más de una hora, ya estaré en la capital Chiapaneca. La autopista de Arriaga a Ocozocuautla, es casi una autopista escénica, sin faltar tres túneles que le agregan un toque de modernismo, otra vez me asalta la idea ¡Vaya diferencia de carreteras! Llego a Tuxtla y cuando estoy desatando el equipaje empiezo a sentirme mal ¡Es el efecto tardío de los camarones de Mazatenango! Por suerte, el personal del hotel es muy amable y servicial, así que le pido a uno de ellos que me consiga una buscapina en la farmacia y después de tomar la dosis recomendada en la caja del medicamento, me dispongo a descansar para continuar mi regreso al día siguiente.
¡Bendita medicina! La madrugada del 30 de diciembre me sorprende aparentemente repuesto y dispuesto a continuar la ruta. Así que después del ritual del equipaje abandono esta hermosa ciudad, con la única nostalgia de no haber ido a “Las Pichanchas” por un “pumpo”, es decir, ya tengo pretexto para regresar. Llegando a la caseta de Ocozocuautla, me detienen otra vez en un retén militar y al comentarles de las revisiones de los retenes anteriores me bromea un soldado “… lo detuvimos porque nos gustó su moto …”.
La única ventaja es que aprovecho la parada para ponerme el impermeable, porque se ve ligeramente nublado
… Rodar y rodar … Dice la canción de José Alfredo, y fue lo que ocurrió entre Ocozocuautla y Coatzacoalcos y parecía que sería así hasta Puebla, pero de pronto, alcanzo una moto con equipaje y pasajero y me digo “… aquí van otros viajeros …” y al emparejarme reconozco la moto de Artemio y Rosa, su esposa, les hago señas y me detengo para saludarlos, ¿Ya tan rápido? Me pregunta Rosa, ni modo, hay que estar en la cena de fin de año con la familia. Nos comentamos las generalidades de nuestros respectivos viajes, ellos estuvieron en Montebello, Comitán, Agua Azul, Palenque y Villahermosa y dejaron a Omar y Marco al empezar la autopista porque ellos regresaron por carreteras libres. Nos despedimos y sigue la canción de José Alfredo, hasta Cosamaloapan, donde otra vez tengo que cargar gas, y como me siento mucho mejor, ingiero un bocadillo espanta hambre, para no correr riesgos.
Cuando paso Orizaba, me doy cuenta que ya empezó a parpadear la indicación de reserva, pero no hay estaciones de servicio, así que salgo de la autopista, entro a Ciudad Mendoza y encuentro el abrevadero para saciar la sed de mi montura, después de lo cuál, regreso a la autopista, para enfrentar las hermosas curvas de Maltrata ¡Un verdadero deleite!
Al llegar a la caseta de Amozoc, encuentro una larguísima fila de autos … ni modo … voy por la derecha … ¡Que suerte …! Al ir llegando al pago, abren una nueva posición y no tengo que recibir los recordatorios maternos. La llegada a Puebla ocurre en pocos minutos y en cuánto veo a mi esposa empiezo a contarle los pormenores del viaje iniciado el 24 por la mañana.
Finalmente, todo salió muy bien, recorrí 3045 km en estos siete días, lo cuál no implica ninguna nueva marca, pero sí un viaje que al principio de año ni siquiera había imaginado. Me quedan algunos puntos que espero pueda afinar en un próximo viaje: mejorar el “check list” de la revisión antes de la salida (el seguro de la palanca de velocidades, es seguro que no lo pusieron bien en la agencia), incluir medicamentos básicos en el botiquín de viaje, preparar mejor el aseguramiento del equipaje (es muy molesto y tardado estar atando y desatando), adecuar mejor los extras de la moto (prácticamente no me sirvió el GPS porque el cargador se dañó antes de llegar a Tuxtla en la ida), y los pequeños detalles que seguramente recordaré conforme vaya viendo en retrospectiva hacia este viaje inimaginado y tal vez por eso extremadamente placentero y significativo.
De mi familia, no podré agradecer en lo que me resta de vida el invaluable apoyo de mi amada esposa Delia y de mis queridos hijos Augusto y César, por su infinita paciencia y comprensión, sobre todo, por las rodadas que faltan, porque ésta es sólo el principio.
Gracias a quienes tuve el privilegio de acompañar en alguna parte de esta rodada: El Gunman (Miguel Ángel Sosa Peralta) Profe. Pitol (Miguel Angel Aguirre Pitol) y su gentil esposa, el Rabitt (Marco Antonio Ramírez), Artemio García Arizmendi y esposa, Omar Pizano, Marco, a los fantasmas del camino.
Ah, por supuesto, si llegaste hasta aquí, ¡Gracias a ti! Por haber soportado estas líneas que quisieron reflejar algunos de los momentos que difícilmente se pueden expresar con palabras.
¡Nos vemos en el camino!