Augusto Galicia López
” … Intempestivamente, veo las luces de … Un camión lento en la extrema derecha del carril contrario, otro camión menos lento en el carril central, mordiendo la línea continua que marca la separación de los sentidos de circulación y …”
El propósito de la rodada
Como en el último párrafo de la novela de Jules Verne (Miguel strogoff. El correo del zar) “… No es la historia de sus éxitos sino la de sus sufrimientos la que merecía ser contada”, supongo que en nuestros relatos, también vale la pena hablar de nuestros accidentes.
Algunos, tienen tal ingrediente, y puede observarse que en ellos las “causas” suelen ser la inexperiencia, la imprevisión personal, u otras causas; pero algunas estadísticas, no necesariamente en México, muestran que no es tan sencillo, imputar las causas a los conductores de motos (más del 80% de accidentes donde intervienen motos, son causados por automovilistas), a pesar de lo que afirme la revista digital clubmoto1. Precisamente, es el asunto que deseó abordar en este relato decidido a última hora.
Resulta que al saber de las certificaciones Iron Butt de Asphalt Rats, tome la determinación de hacer el intento para la primera etapa (1000 millas en menos de 24 horas). Supuse que mi viaje a Juquila y el Costa a Costa, donde maneje casi 17 horas continuas y logre un poco más de 1100 km, me daban argumentos suficientes para efectuarlo con éxito. Así qué, después de hacer un primer contacto con la asociación programé un viaje de “calibración”, originalmente a Poza Rica, con un recorrido total de 639 km en alrededor de 10 horas continuas de manejo. Por efectos de algunos comentarios de los amigos del grupo de FB, evalúe otras posibilidades y al final definí el recorrido Puebla – Oaxaca – Puebla, alrededor de 750 km en más o menos el mismo tiempo, de paso conocería a los nuevos amigos de Oaxaca y podría darme una vuelta por Custom Steel. Todo esto en la Suzuki GW 250 Inazuma.
El trayecto Puebla - Oaxaca – Accidente
Así que el 28 de junio a las 6:40 empece la rodada con un retraso de poco más de hora y media, debido a la intensa lluvia de esa madrugada. Todo el trayecto hasta Oaxaca ocurrió normal, salvo por la inusual frecuencia de los derrumbes y deslaves entre Izucar y Acatlan, donde los lechos normalmente secos de pequeñas barrancas y riachuelos eran verdaderos ríos y los encharcamientos en la carretera propiciaran baños innecesarios ocasionados por la mala fe de algún conductor que nunca falta.
En esa normalidad, mi llegada a Oaxaca se dio un poco después de las 14:00 por lo que a las 15:30 ya estaba rodando junto con Armin Langle hacia la salida a Huitzo para encontrar a G. Nolasco, quien amablemente me acompañaría hasta cerca de Cuicatlan. Después de comer un sabroso amarillo con pollo en Telixtlahuaca, regresamos al camino, Armin de regreso a Oaxaca y nosotros rumbo a Cuicatlan. El ascenso a la sierra es maravilloso, pero el descenso a Cuicatlan es excelso. Curvas que se enlazan haciendo que las motos se inclinen para seguir cada vuelta sin dificultad y con gran placer, sin que importe más de la cuenta la humedad del ambiente ni del piso. Un poquito antes de la llegada al multimencionado pueblo, se encuentra un mirador, donde me despido del Toareg Nolasco y le sigo hacia Tehuacan.
Oh, que horrible cambio, ingreso al estado de Puebla y el camino se vuelve un sufrimiento (ya me lo había advertido el amigo Nolasco y también Alberto Barral por FB) y para colmo se me hace de noche. Además me pierdo en los dos pueblos que me faltan para llegar a Tehuacan, de tal modo que después de una enorme vuelta a oscuras por el periférico tehuacanero, por fin a las 22: 15 llego a la caseta de la autopista, decisión de última hora para no retrasar más mi llegada a Puebla.
Hago una parada más, en la gasolinera próxima, para ponerme el impermeable porque viendo hacia la sierra se ven relámpagos que indican lluvia. Así qué a las 22:25 envió el último mensaje del viaje a mi esposa “llego en 80 minutos”. Esto ya no ocurrió en el siguiente párrafo explico por que.
Empiezo a rodar por la autopista con mis mejores augurios, el tramo antes de empezar el ascenso sin novedades, la Inazuma responde de maravilla, yo me siento bien, el clima fresco, ¿Qué más se puede pedir?
Los kilómetros empiezan a transcurrir, hay poco tránsito en el camino, los pocos vehículos que encuentro, ruedan lentamente por su derecha, como debe ser, y mi entusiasmo va en aumento.
Ya casi llego a la cima para seguir avanzando hacia Cuacnopalan, donde se entronca con la autopista Orizaba – Puebla. Veo un camión pequeño de caja cerrada subiendo lentamente por el carril central (esta autopista no tiene camellón, sólo carriles centrales con ampliación en los acotamientos para los rebases), por lo que le hago cambios de luces pidiendo paso. Ante la negativa, viendo el carril opuesto desocupado y con línea discontinua, rebaso por la izquierda y lo dejo atrás listo para entrar a las últimas curvas de este pequeño ascenso. Me permito hacer una comparación entre el rodar de noche en este tipo de caminos muy señalados y con la iluminación de los reflejantes en las orillas que facilitan el trazado de las curvas, con los caminos federales sin iluminación que obligan a rodar lentamente. Tal vez estos pensamientos me dejan en el carril central de la carretera revisando mis condiciones de marcha y al ver que voy en un régimen ligeramente alto en el tacómetro, alrededor de 10000 rpm, decido cambiar de marcha a la sexta posición y estabilizar la velocidad a 90 – 95 km/h y empiezo a entrar a una curva hacia mi izquierda. Intempestivamente, veo las luces de … Un camión lento en la extrema derecha del carril contrario, otro camión menos lento en el carril central, mordiendo la línea continua que marca la separación de los sentidos de circulación y … Un tercer camión, un autobús de pasajeros invadiendo el carril central del sentido opuesto (donde voy yo) invadiendo parcialmente el acotamiento. … “Infeliz, hijo de €&¡?#*”, alcanzo a pensar y hago la maniobra para esquivarlo por el poco espacio en el acotamiento que me deja su invasión a mi carril, para en seguida, ver casi de frente los reflejantes de una valla metálica de contención, ¡No puede ser! … Es mi pensamiento de “reacción de supervivencia” y sigo la maniobra de evasión; pero … Oh, mala suerte, siento el impacto de la barra con mi pie derecho juntó con un dolor extremadamente intenso seguido de un ruido metálico y un sonido ronco del motor. Los gritos de dolor solo fueron escuchados por mi casco pero con todo y ellos percibo que la moto rueda inestable y, con todo y gritos, me concentro en controlarla. Veo el tablero y me indica algo entre 40 y 50 km/h y el ruido que sigue ronco me hace suponer que se rompió un escape, pero acelero para asumir el control total y pensar en que hacer por que sigo gritando del dolor en mi pie derecho. Una rapidísima evaluación de las circunstancias me impulsa a seguir rodando para encontrar un puesto médico o un policía federal para pedir ayuda, así que abro el gas y sigo rumbo a Puebla. La desesperación ocasionada por el dolor me hace rodar lo más rápido que puedo, pero, no puedo pasar de 110 km/h pues aumenta el dolor en mi pierna izquierda, ahora voy sintiendo dolor hasta la parte media de la espinilla, trato de encontrar el posa pie, pero en lugar de encontrarlo, tengo la sensación de que mi pie va suelto. Al entroncar a la autopista Orizaba – Puebla, tengo que disminuir nuevamente, porque ahora son las irregularidades del concreto hidráulico lo que aumenta mis molestias, al bajar la velocidad disminuye la frecuencia y la intensidad de mis gritos. En esas condiciones puedo llegar a la caseta de Amozoc, donde con dificultades puedo pagar la caseta, porque me doy cuenta que mi pie derecho no puede apoyarse en el suelo, así que no me queda otra que pedir ayuda.
La lesión
Entre el paramédico y dos vigilantes me bajan de la moto (ni siquiera pude bajar la “pata de cabra”) y me colocan en la camilla de una ambulancia. Tan pronto el paramédico retira la bota, recién comprada en Oaxaca, se revela la situación que me asusta, en lugar de tobillo, tengo un hueso completamente salido de su lugar y un pie derecho completamente hinchado y negro por la sangre coagulada, que me hace pensar en una posible amputación, pero el comentario del paramédico me devuelve a la realidad “… tiene fractura, no le puedo intentar nada, es mejor llevarlo a un hospital para que le hagan una radiografía, este tipo de lesiones requieren cirugía …”.
Después de una férula, el traslado al hospital y una radiografía, los médicos de la guardia de ortopedia confirman: fractura triple, dos en los huesos de los dedos y una múltiple en el tobillo, con desplazamiento, que requiere acomodo inmediato, a valor mexicano, y posterior cirugía reconstructiva.
Hasta aquí mi reflexión es: “Ni modo … Son gajes del oficio” … ¡Ah, por cierto! En las condiciones que enfrenté, lo más probable es que sí hubiera estado un auto en mi lugar, el evento habría terminado en tragedia.
Breve, muy breve análisis.
Es probable que un primer vistazo a este accidente, pueda indicar alguna o varias de las siguientes causas.
Falta de equipo de protección adecuado (pie destrozado)
Falta de precaución del motociclista (circular por el carril incorrecto)
Riesgo innecesario por viajar de noche (Algunos de nosotros preferimos no hacerlo)
Exceso de velocidad (Aunque la máxima en ese tramo es 110 km/h, la máxima prudente debido a las condiciones puede ser menor)
Falta de pericia (La recomendación general de muchas publicaciones, como “La biblia de las curvas de Keit Code, recomiendan rodar al 70% de tus habilidades)
Habilidades insuficientes (Sobreestimar la capacidad personal de manejo)
Simplemente torpeza (No podemos descartarla)
Aunque se pueden agregar las posibles causas que se crean pertinentes, puede ser valioso tomar en cuenta la opinión de quien protagonizó semejante acto.
He aquí mis opiniones.
Un instante antes del momento del accidente, me sentía de maravilla, tanto física como mentalmente, la entrada a la curva del accidente se empezó a dar con toda normalidad, es decir, velocidad controlada, control total de la moto, vista hacia el final de la curva, con la ayuda de los reflejantes de la carretera, el giro de la moto así como su inclinación estaban en los valores correctos de acuerdo con mi experiencia, que aunque no es muy grande (apenas llega a los 27 000 km, con dos viajes de un poco más de 3000 km en seis días o menos cada uno y uno de 1200 km en menos de 36 horas), cubría hasta ese momento la mayor parte de las condiciones para seguir rodando con seguridad, excepto por un detalle, como ya describí, antes del incidente había rebasado correctamente a un vehículo lento por la izquierda y, con una actitud de posible confianza excesiva o simplemente una distracción, me quedé rodando en el carril central, a punto de ingresar a una curva de la que no sospechaba que la mayor parte del camino estaba ocupado por tres vehículos anchos. En el momento de avistar tal situación (recuérdese que tuve tiempo de “maldecir” al conductor del autobús que circulaba más a su izquierda), no mostré pánico ni alguna reacción parecida, y empecé la maniobra para esquivar el peligro, no obstante, la valla de contención pareció surgir de la nada, lo que puede explicarse por dos factores, el primero es que la presión del aire ocasionada por el movimiento del autobús, desestabilizó el giro y la inclinación que había estimado para la maniobra y me proyectó de frente hacia la valla, en ese momento si tuve una reacción de miedo (supervivencia según K. Code), la cuál traté de salvar corrigiendo la trayectoria de la moto girando más hacia mi izquierda para evitar la colisión, de hecho pude hacerlo, pero de forma incompleta, pues mi costado derecho quedó muy cerca de la superficie metálica con los resultados ya descritos.
En los instantes siguientes, la moto empezó a bambolearse y hubiera caído, en medio de la cinta asfáltica, así que el haberla controlado fue una respuesta correcta, con lo que pude minimizar las consecuencias del accidente. Mi decisión de seguir rodando, que se dio porque pude controlar la moto, me permitió llegar al servicio médico, con lo que mi integridad física ya no sufrió más daños, a pesar de las condiciones adversas, de las cuales, mi tobillo fracturado era la primera.
Si yo hubiera (Sliding doors, película).
En este thriller, el director – escritor Peter Howitt, trata de demostrar que un hecho en la linea de tiempo personal (las puertas del metro que se cierran), es una consecuencia de una sucesión de pequeños eventos anteriores, de tal forma que al alterar alguno de esos antecedentes, la historia de una persona puede cambiar.
Para el caso de ésta, y tal vez para muchas otras, sería deseable poder identificar esos eventos que se van sucediendo y que dan como consecuencia un accidente. Poder definir, por ejemplo, la hora de salida que propicie que todo salga bien, la rapidez promedio de la rodada que evite el rodar de noche, el tiempo de comida que evite cualquier percance, y cualquier otro que puede estar inclusive en los días anteriores. Seguramente, habrá quien ya esté dudando de mi cordura, por rodar como lo hago, por lo que únicamente puedo concluir que cualquier actividad humana conlleva un riesgo y mi afición por el camino lo hace un poco mayor, aún más, puede terminar en la muerte. Definitivamente, no pretendo ser temerario o imprudente, tengo siempre presente a mis seres queridos y a mi fragilidad y hago todos los esfuerzos para evitar accidentes, o minimizar sus consecuencias. No obstante, así cómo regresé al camino después de mi caída en abril 2013, voy a regresar después de esta tremenda experiencia, con la certeza de que todos los eventos que conducen a un accidente serán debidamente revisados y llevados a un mínimo porque todavía me quedan muchas rodadas por realizar. Es decir que …
¡Nos vemos en el camino … aunque después de dos o tres meses … !