Antes de continuar con el desenlace de la aventura que vivimos dos intrépidos por la sierra de Durango y Nayarit (aquí el antecedente) quiero hacer una mención especial a personas que jamás han aparecido en esta página pero que han sido protagonistas para la buena realización de cada rodada. Se trata del personal de Moto Partes del Guadiana, quienes además de dar un excelente servicio de taller mecánico de motocicletas, son la agencia Suzuki Durango y cuentan con un gran surtido de todo tipo de refacciones y consumibles para motos de varias marcas. Con ellos siempre he llevado la DR a servicio y a cualquier revisión de rutina, la verdad siempre me han atendido muy bien, han realizado un trabajo muy profesional y siempre a un precio muy accesible. Es por esto que hoy quiero agradecerles públicamente por tener siempre en perfecto estado a la Dottora.
¿Que salió mal? ¡Maldición! La corriente está jalando a la Dottora, la intento levantar y resulta peor, pues parece flotar y el agua se la comenzaba a llevar, la dejo caer de nuevo y al intentar levantarla otra vez con más decisión aparece Stephen justo en el momento preciso y juntos la ponemos vertical, luego la empujamos a la orilla ya lejos de la fuerza imparable del agua.
Apenas sacarla del arroyo intenté ponerla en marcha, pero fue imposible, seguramente le había entrado agua al motor… Stephen sugirió abrir el filtro de aire pero esto no fue posible, los tornillos del asiento estaban apretados fuertemente. De nueva cuenta Stephen sugirió ahora drenar el carburador y salió solamente agua en lugar de gasolina… Intentamos arrancarla de nuevo y luego de varios intentos encendió pero no se mantenía por mas de 10 segundos. En ese momento creí que muy probablemente en ese punto había terminado la rodada, que tendríamos que conseguir la manera de llevar la Dottora a alguna población donde la viera un mecánico, pero no, animado por Stephen solucionamos ahí mismo el problema y luego de varios intentos la moto arrancó y se mantuvo estable por varios minutos. Recogí mis cosas, las subí de nuevo a la moto, me di cuenta que mi cámara no servía, además el celular aunque si continuaba encendido preferí apagarlo para reservar su uso a alguna posible contingencia.
Parecía que mi moto ya se había estabilizado, así que Stephen arranca y ahí voy detrás de él, pero la Dottora no sube de revoluciones, así que apenas haciendo uso de su gran torque voy subiendo una ligera colina, pero ya casi para llegar a la cima la potencia ha disminuido bastante y decido detenerme. Stephen ya venía a ver la razón de mi retraso.
Me indica que posiblemente así se comportará en delante la moto, que es cuestión de kilómetros para que vaya recobrando su fuerza. En una rápida inspección se acordó del aceite y luego de ver por la mirilla se da cuenta que está blanco como café con leche (mezcla de aceite con agua aterrada), así que la última alternativa que tenemos por tratar de mejorar el comportamiento del motor es hacer un cambio de aceite, afortunadamente yo traigo 800ml entre mis cosas y el trae otros 200ml. Reiniciamos la marcha y yo voy un poco preocupado, pues ni así mejoró sustancialmente el comportamiento del motor, parece que se sigue ahogando, no sé en realidad si mi motor va sufriendo daños, pero al menos sé que el aceite que trae ahora no está tan sucio como el de hace unos minutos.
Rodamos muy despacio, Stephen va a mi ritmo al pendiente de cualquier eventualidad, el día ya está nublado, se sienten las primeras gotas de una ligera llovizna que por momentos ya es lluvia intermitente. De pronto voy muy preocupado por mi situación, no quiero que de pronto mi moto deje de funcionar y con ello la rodada se convierta en buscar ayuda en un lugar tan distante de casa y sobre todo casi sin presencia humana.
El clima es cálido, pese a llevar la ropa empapada y a que está lloviendo no tengo en realidad frío. Pasamos San Juan de Peyotán, por donde existe una aeropista pavimentada muy bien señalizada y accesible. Supongo que es de uso común por lo remota de esta zona y de los poblados por donde rodamos. Pasamos por un pequeño poblado llamado La Guerra, luego vemos la aeropista de Jesús María, una cabecera municipal y se ve que es un pueblo grande, con gran actividad al menos comparado con todos los que hemos visto desde el Mezquital. Habíamos contemplado comer en ese lugar, pero debido a la baja velocidad que llevo preferimos continuar pese a ya ser las 6 de la tarde. A partir de aquí de pronto siento que la Dottora ya trae más fuerza, no es la misma potencia de siempre pero al menos ya puede levantar revoluciones decentemente incluso en las subidas, mismas que van siendo más frecuentes hasta llegar a Mesa del Nayar, aquí me detengo a esperar un poco a Stephen quien se retrasó posiblemente tomando algunas fotografías. Es de destacar que desde este poblado ya solo rodamos por carretera, una carretera que comienza a llevarnos por las laderas de montañas de pinos, con clima fresco y que por esta ocasión nos invade en la oscuridad de la melancólica neblina que de vez en cuando nos deja ver pequeñas y altas cascadas que caen desde lugares desconocidos. Un buen tramo me fui delante, no iba siguiendo a Stephen así que no podía ir muy rápido, la mica de mi casco se empañaba, la iba tratando de limpiar pero mejor preferí irme por bastante tiempo con la mica abierta.
En alguna curva que está después de una gran bajada vimos un trailer que se había salido de la carretera, iba remolcando una cama baja con un tractor y casi se le cayeron todas las llantas del “low-boy”. Stephen se acercó con una persona que estaba de velador y éste le comentó que ya venían personas de su empresa con auxilio.
Continuamos por la carretera de neblina interminable y ahora si me voy detrás de Stephen, simplemente voy siguiendo su luz trasera aunque no voy viendo el camino casi, y no me queda mas que confiar en el, pero no me defrauda por el simple hecho de que conduce muy seguro. Esta carretera tiene grandiosas curvas, si no ha sido por la neblina y lluvia intermitente creo que hubiéramos gozado de unas magníficas curvas, no se si mejores que las de la carretera Durango – Mazatlán, pero bueno, eso ya lo juzgaré cuando pueda rodar de nuevo por este rumbo en tiempo de secas.
Pasamos por otros pequeños poblados como El Maguey, Santa Cruz de Guaybel y El Naranjo y sufriendo un poco de hambre finalmente voy reconociendo este rumbo, me doy cuenta que ya casi llegamos a San Pedro de Ixcatán, por donde estuve unos dos días hace casi cinco años. En aquel entonces no había lluvias, estaba demasiado soleado y el calor era insoportable. Recuerdo algunas casas sofocantes donde visité unas oficinas, y la comida que disfruté empapado en sudor…
Pasamos por San Pedro y tomamos la carretera a Estación Ruíz, la población mas grande desde que salimos de Durango. Recordaba que esa carretera va junto al Río San Pedro Mezquital con unas vistas espectaculares (pero mi cámara no servía y no quería arriesgar mi celular) y tenía muy buenas curvas, así es y asi la vamos disfrutando aunque de pronto no lo hacemos todo lo rápido que quisiéramos, pues aunque ya no hay neblina si está lloviendo y hay algunos derrumbes sobre la carretera, también las pocas camionetas con las que nos cruzamos de pronto invaden carril en las curvas.
Desde que andábamos hace algunas horas por Huazamota y también ahora en esta carretera el aroma de frutas tropicales y sobre todo de mango es seductor, la lluvia no importa, el traer la ropa empapada tampoco, simplemente respiro y me alimento con los mangos machacados sobre el pavimento. Lo siento amigos, pero las condiciones no me permitieron tomar fotos de esta parte del camino, tendré que volver para compartirles un poco de tantos árboles cuyo nombre no conozco y que por momentos no nos permitían ver las nubes sobre nosotros.
Las curvas van terminando, la Dottora ahora si goza de la potencia que normalmente trae a nivel de mar e incluso se siente mayor en contraste de los ratos en que estuvo fallando. Disfrutamos los últimos minutos con luz de día y la sensación de que hemos dejado atrás la soledad de la montaña y estamos cerca de un lugar de descanso es muy reconfortante, disfruto la lluvia caer, el verde que me rodea a donde quiera que miro y el camino que se ha mostrado hospitalario conmigo por este día que está por terminar.
De noche nos internamos en Ruíz, el cual según yo conocía y podría encontrar un buen lugar para hospedarnos. No fue así, apenas dejamos atrás lo que parecía el centro y me sentí perdido en unas calles, pregunté en una tienda y ya me dieron indicaciones un tanto confusas, las seguí y encontré un cruce de ferrocarril. ¡Ahí ya recordaba la ruta! Nos dirigimos a la zona donde habían dos hoteles y una gasolinera entre otros establecimientos, elegimos uno de los dos por ser más económico, dejamos nuestras cosas y las motos y nos fuimos a buscar algo de cenar. Solamente encontramos abiertos tres pizzerías, elegimos la Rin Rin Pizza, fui por un seis de Modelo y brindamos por tan buena aventura que acabamos de pasar, aunque claro, aún faltaba el día siguiente. También hablamos de otros viajes de Stephen, míos, de otros advrider y así nos retiramos a descansar, pues el cansancio del viaje sumado a las cervezas y en mi caso la desvelada del día anterior me urgían a dormir…
De pronto abrí los ojos por la mañana con esa sensación de apenas haberte acostado hace unos segundos. Sin duda me faltó descansar… Habíamos quedado de salir a eso de las 8:30am, pero a esa hora aún no terminaba de arreglar mis cosas, posiblemente fui haciendo desidia por no volver a ponerme el pantalón que aún permanecía mojado. Aún para mis estándares a este viaje vine bastante precario de equipaje, tanto ropa, herramienta, agua, comida para el camino, etc. Creo que eso sucedió porque creí que sería mejor viajar ligero, no se porqué extraña razón, pero ya durante el viaje me di cuenta que es mejor no escatimar en llevar lo que haga falta, sobre todo si se tiene la posibilidad de hacerlo.
Llenamos tanques en la gasolinera de Ruíz, no desayunamos ahí pues el plan era hacerlo en Copala, un lugar aún bastante lejano pero de ese modo aprovecharíamos el tiempo en avanzar por la mañana. Nos fuimos por la libre rumbo al norte, con rumbo a Villa Unión, Sin. (cerca de Mazatlán). Decidimos hacerlo así y solo recurrir a la autopista en caso de que tuviéramos demasiado tráfico en la carretera. La Dottora va corriendo muy bien, se siente mucha potencia, la verdad me sorprendo y creo que incluso el velocímetro tiene algún error, ya que por momentos voy rodando ¡a 130km/hr! Jamás había rodado a esa velocidad, y además el motor se ve que va desahogado, así que en un descuido la aguja se sale de la escala y apunta a un teórico y aproximado 140km/hr… ¿Es posible en una DR200? Voy rodando detrás de la KLR de Stephen, el se va adelante, va a su ritmo pero nunca nos perdemos de vista, muy pocos vehículos van más rápido que nosotros y así de pronto llegamos a una desviación que marca rumbo a Tecuala y Novillero un poco antes de llegar a Acaponeta. Nos detenemos en el entronque y Stephen sugiere ir a Novillero pues ha escuchado que es un destino turístico y que ahí podríamos encontrar un buen lugar para desayunar. Luego de cruzar por Tecuala, un pequeño y caluroso poblado, donde los autos circulan con demasiada calma a comparación del fuerte ritmo que traíamos en carretera. Stephen va preguntando indicaciones para tomar la carretera a Novillero, y ya estamos en una carretera plana, sin montañas a la vista, incluso va bajando suavemente y alrededor solo tenemos verde, algunas palmeras aisladas y ya, es un paisaje un tanto desértico pero nos vamos encontrando con varias motos de lugareños, personajes que se sorprenden un poco cuando los saludo.
Cruzamos un largo puente que pasa por arriba de Río Acaponeta o de parte de una laguna alimentada por el mismo, no estoy seguro. Más adelante luego de cruzar un pequeño pueblo llegamos a Novillero, un pequeño poblado que aparentemente vive totalmente del turismo. Hay algunos dos o tres hoteles, abundantes restaurantes sobre la playa y se ven pocas casas. Son las 11am y apenas estamos viendo el mar que debimos disfrutar desde ayer en San Blas, pero finalmente no pudimos llegar ahí.
Stephen pide informes en un hotel sobre un buen lugar para desayunar, nos hacen una recomendación y nos dirigimos a un establecimiento que no recuerdo su nombre, pero donde disfrutamos un excelente desayuno, yo pedí huevos con camarones y unas quesadillas y él omelette con camarones. No se si fue el hambre, pero disfruté bastante este desayuno y aquí me di cuenta que mi celular estaba en buenas condiciones y comencé a tomar fotos con él de manera constante. Luego de una buena charla de sobremesa decidimos continuar nuestro camino a eso de las 12pm, pues aún estábamos muy lejos de nuestro destino, Durango. Primero rodamos un poco en la playa, solo para sentir lo que es meter la Dottora al mar, aunque eso sí, no entré muy profundo por la experiencia del arroyo cerca de Huazamota jajaja.
Remontamos el camino hasta Acaponeta, de ahí continuamos por la libre rumbo a Escuinapa, hicimos alguna parada para tomar fotos de estratos y paisajes, rápidamente llegamos a Rosario y ahí yo necesitaba cargar gasolina, pues por las velocidades superiores a 120km/hr que venía gozando ya estaba en la reserva… Tuve un bajísimo rendimiento de 21km/litro. Stephen tenía la propuesta de ir a Concordia pero por un camino de terracería que sale de Rosario que aparentemente tiene buenos paisajes. Preguntamos en la gasolinera y el despachador no nos sabe dar una clara indicación, él asegura que no existe tal camino, pese a que el mapa que trae Stephen sí lo muestra (aunque con errores como más tarde lo comprobaríamos). Otro señor que encontramos en la misma gasolinera nos sugiere ir por una desviación que está regresando unos metros por la carretera que veníamos y tomando rumbo a Matatán. Tomamos esa desviación y primero vamos por una carretera vecinal pavimentada muy estrecha aunque poco transitada, vaya, se parece a tantos y tantos caminos por los que he rodado en Durango, pero aquí el clima es tropical con su vegetación, casas y personas.
En un entronque le preguntamos si vamos bien para ir rumbo a Concordia al chofer de un camión, dice que sí y confiamos en el, seguimos y pasamos por un pequeño pueblo, luego otros más, la carretera ahora es terracería, hay algunas desviaciones, aún preguntamos y la gente nos vuelve a decir que vamos bien; hasta que llegamos a Santa Teresa y ahí pedimos referencias, nos dicen que estamos mal, que por ese camino llegaríamos a La Rastra y de ahí podríamos salir a Pueblo Nuevo y El Salto, Dgo., aunque sería un camino bastante difícil, un reto similar al del día anterior…
Aún así, no es el camino que teníamos contemplado y decidimos regresar, en otro poblado preguntamos a un señor y definitivamente nos dice que por ese camino no se puede llegar a Concordia, así que resignados nos vamos a Rosario de nuevo, ahí descansamos un poco en un Oxxo junto a la gasolinera donde antes estuvimos pidiendo referencias. Decidimos continuar por la carretera pavimentada totalmente rumbo a Durango, ya son las 3:30pm y es un hecho que tendríamos que rodar buen tramo de noche, además de que era muy probable contar con lluvia en el Espinazo del Diablo.
En el entronque de Villa Unión pasó algo extraño, pues siguiendo la carretera y la señalización a Durango pasé por fuera del carril de un retén militar, en cuanto me percaté de mi error de inmediato miré a los soldados esperando si no era requerido para revisión, afortunadamente creo que nadie se percató ni siquiera de mi presencia y más adelante me estaba esperando Stephen justo en la desviación. Continuamos y aún pasando por Concordia teníamos un clima sin lluvia, aunque ya había algunas nubes la lluvia nos había respetado. Vamos comenzando a subir las primeras curvas y Stephen va un poco lento, aunque ya de pronto el pavimento está mojado creo que va demasiado lento, repentinamente vuelvo a escuchar su cadena tronar y entonces recuerdo que con el sprocket como lo trae no puede imprimir mucha potencia que es necesaria en las subidas por las que vamos. En Copala tomamos la desviación que nos conduce al pueblo, llegamos a el estacionamiento de un restaurante de un poblado con calles empedradas y casas antiguas, ahí aprovecha para ajustar por enésima vez su cadena. Tradicionalmente tengo por casas antiguas y coloniales las establecidas en climas templados o fríos, pero aquí en el trópico esta población tiene una belleza única y más en un día lluvioso como el que tenemos, creo eso le da un cierto aire nostálgico de un lugar donde nunca he estado. No se porqué, pero no tomé ninguna foto aunque mi celular ya estaba funcionando correctamente desde algunas horas atrás.
Stephen se preparó para la lluvia que ya estaba iniciando en forma con una chamarra impermeable, y yo aunque la mía si lo era no pensé en ponerme el pantalón impermeable que traía en la mochila, fue extraño, pero de algún modo ya sentía que la lluvia y el agua en mi ropa eran parte de esta rodada. Esta carretera Durango – Mazatlán ya es bastante conocida para estas páginas, ya alguna vez la rodé así con tanta lluvia y neblina como esta ocasión, aunque esta vez contamos con mucho menos frío que el que sufrí rodando con Jairo a fines del 2009.
Son extrañas las condiciones de la carretera, pues por nuestro carril vamos mucho más rápido que casi cualquier automóvil, pero los carros que vienen de frente con dirección a Mazatlán parece que circulan más rápido que nosotros aún, pese a ir de bajada. A veces se forman largas filas de autos detrás de los trailers, nosotros simplemente de manera paciente esperamos a que todos rebasen en el orden que debe ser siempre y cuando la neblina permita un mínimo de visibilidad. De pronto, en una subida vemos que hay un trailer que venía en dirección opuesta (de bajada) y chocó contra la falda del cerro. Desconocemos detalles, ya hay un policía en la zona y no nos preocupamos por detenernos e investigar, sólo Stephen se detuvo brevemente para tomar algunas fotos pero a mi parecer este trailer se quedó sin frenos y el chofer para salvar la vida y la carga se recargó contra el cerro. Esa es mi teoría.
Seguimos rodando, en mi opinión Stephen va un tanto lento y yo me voy adelante a mi ritmo, la mayor parte del tiempo con neblina y con las luces altas encendidas, casi no encuentro tráfico y los pocos trailers que hay me dan la seña de pase en las pocas rectas que hay, voy disfrutando mucho rodar, no es necesario inclinar tanto para simplemente gozar de esta carretera, sus paisajes que combinan al mismo tiempo nubes de tormenta con espacios donde se filtran fuertes rayos de sol y lejanos sitios donde la lluvia ha durado mucho tiempo. En algún momento mientras rodaba con la mica de mi casco abierta entró un mosquito que se quedó atorado en mi lagrimal izquierdo, me detuve para sacarlo con agua purificada y aproveché para estirar un poco las piernas, ver el nivel de aceite de mi moto y esperar a Stephen, y sin tenerlo previsto de pronto vi un pequeño derrumbe justo frente a mi.
Ya en el Espinazo del Diablo de nueva cuenta me detuve a esperar a Stephen sin apagar la moto, a estas alturas yo ya tenía un poco de frío. En cuanto llegó y me vio sugirió detenernos para comer algo y mientras el ajustaría su cadena. Vaya que fue una buena idea, el café con que acompañé mi gordita de frijoles con queso fue bastante reconfortante. Continuamos así con el mismo frío producto de la ropa mojada, yo me sentía cada vez más cerca de casa, pues apenas el domingo pasado había hecho el recorrido Espinazo – Durango.
Llegamos a cargar gasolina a El Salto y ahí la Dottora ya no quiso arrancar. En realidad solo era el sensor del embrague, que no detectaba cuando lo accioné, así que bastó un leve empujón de Stephen para arrancar y a las 8:40pm con los últimos minutos de luz del día continuamos decididos a hacer los últimos 87km que nos separaban de Durango por la supercarretera. Desde que la tomamos comenzó una continua lucha por continuar, tratar de ver lo que sucedía delante de nosotros y cuidarnos las espaldas para que no nos embistiera algún automóvil que afortunadamente todos disminuyeron la velocidad cuando se nos acercaban por atrás. Fue una situación bastante peligrosa, tensa, podríamos haber tropezado con alguna roca sobre el pavimento que no hubiéramos alcanzado a ver, un auto pudiera no habernos visto, etc. Ya mientras rodábamos por ahí creí estar seguro de que lo mejor hubiera sido ir por la libre, una carretera menos transitada pero sobre todo donde los autos transitan más lento, pero bueno, ya estábamos ahí y al menos en teoría era mas seguro hacer ese recorrido. Creo que esta parte de la supercarretera fue la única que no disfruté, donde era más la urgencia por ya llegar a Durango y dejar atrás la condición que cualquier motociclista que se precie debe evitar a toda costa durante un viaje: rodar de noche con lluvia. Poco antes de el puente Río Chico dejó de llover y ya íbamos más relajados, rápidamente llegamos a la caseta de Garabitos, tomamos la desviación para entrar a Durango por Tapias y en el semáforo del Hospital del Niño nos despedimos, agradeciendo la compañía y la ayuda para este gran viaje. Coincidimos en que siempre es mejor hacer este tipo de viajes acompañado al menos de otro motociclista, aunque tanto Stephen como yo somos el tipo de motociclista que un día antes de rodar no sabe cual será su destino, pero descubrí en el a un excelente compañero de rodadas. Espero próximamente seguir rodando con él, aprender todo lo posible y sobre todo compartir el camino. La Dottora llegó a casa en buen estado, aunque ya casi con el servicio de las 15,000 millas en la proximidad decidí adelantarlo y llevarla a Moto Partes del Guadiana donde fue consentida, la revisaron y la dejaron lista para otra aventura similar o de una mayor exigencia.
Me faltaron muchas fotos de tomar, me faltó ir mejor equipado pero aún así disfruté bastante concluir esta gran aventura, que hasta la fecha es la rodada que más se acerca a las caminatas más difíciles que viví en mi etapa de scout. Un gran reto, grandes paisajes, gente nueva, culturas desconocidas, el mar, los ríos, el atardecer detrás de la lluvia, la barrera de la neblina, la distancia infranqueable que de pronto desaparece cuando menos lo esperaba, la resignación y los mejores deseos.
Distancia total recorrida: 1,058km